viernes, 25 de noviembre de 2011

Un mínimo de respeto, dignidad y vergüenza

Hace unos días, una amiga me envió un mail que incluía varias fotos urbanas. En una se veía un depósito de residuos atestado y desbordante en una calle urbana al lado de un auto moderno; en otra, se veía probablemente el mismo contenedor luego de que haya pasado “la horda” a revisarlo cuidadosamente, más probablemente en busca de alimentos y cositas que puedan servir que como hobby o pensando en hacer alguna instalación pop en la próxima bienal de Venecia.



La serie de fotos del e-mail, estaba acompañada por un texto desesperado (colijo que era desesperado porque las mayúsculas lo convertían en grito:

“AGRADEZCO REENVÍENLO QUIZAS EN ALGUN MOMENTO LE LLEGUE A ALGUIEN DE LA INTENDENCIA Y REACCIONEN, BASTA DE MUGRE!!!!!  ALGUIEN, CON UN MINIMO DE RESPETO, DIGNIDAD Y VERGUENZA Y TOMEN LAS MEDIDAS NECESARIAS.”

Las reglas dicen que un signo de admiración es suficiente, pero aceptemos esa repetición machacona como un signo de "desesperación urbana".

Yo considero que este es el mundo que nos merecemos. Y que nos merecemos mucho más.

Ayer, caminaba con mi madre y hermana por Buenos Aires, íbamos al teatro. Éramos todos lindos, estábamos todos bien alimentados, todos vestíamos de ocasión y acordes al pegajoso clima porteño.  La calle estaba atestada de bolsas de basura despanzurradas por los cartoneros. Olores rancios, botellas rotas, plásticos desparramados, jugos fétidos.

Alguien, dijo: ¡Esto no puede ser!

Yo pensé que sí, que claro que puede ser. ¡Vaya si puede ser!. Al contrario,tendría que ser y mucho más. 

Mientras los ricos comamos exquisiteces, tomemos champagne, dejemos todo por la mitad para pasar “al otro plato”; mientras en una mesa de dos matrimonios amigos, con re-buena onda y tan simpáticos de esos que "nos conocimos en un crucero y desde entonces hicimos muchos viajes juntos y nos llevamos re-bien", mientras seamos re-compinches, porque pensamos casi igual, mientras  comamos creme brulée, ostras, tiramisú y turbot. Mientras nos vayamos al country en la 4 x 4 para escapar de la ciudad, mientras “catemos” ceremoniosamente un vino alejando la copa, haciéndola girar, mirándola, oliéndola con prudencia como dice la revista El Gourmet, acercándola a la boca, tomando un sorbo, enarcando las cejas y asintiendo levemente al mozo para que proceda, no sin antes advertir a los comensales que encontraremos maderas, taninos, avellanas, chocolate, cerezas y tomillo (Una especie de montaña rusa de Walt Disney en una copa en Puerto Madero, digamos) Mientras hagamos todas esas payasadas que  inventó el capitalismo e incendió la globalización…

¿Y a pocos metros?

Y a pocos metros haya mundos "subnormales" comiendo poco y sucio, viviendo entre la basura, descalzos, a veces violados, mejor dicho, siempre violados, violados por la vida, por la injusticia, por la inequidad. Esperando a que los ricos defequemos para poder ganarse unos pesitos limpiándonos la mierda, esperando a que comamos para ver si algo se nos cae, esperando a que la lluvia nos ensucie los autos para poder lavárnoslos, esperando a que el semáforo nos detenga para hacer malabarismos con sucias pelotitas de tenis y hacernos la señita del índice y pulgar enroscados en forma de moneda...

Mientras todo eso ocurre quien diga, como dice el “desgarrador grito urbano”:

AGRADEZCO REENVÍENLO QUIZAS EN ALGUN MOMENTO LE LLEGUE A ALGUIEN DE LA INTENDENCIA Y REACCIONEN, BASTA DE MUGRE!!!!!  ALGUIEN, CON UN MINIMO DE RESPETO, DIGNIDAD Y VERGUENZA Y TOMEN LAS MEDIDAS NECESARIAS.

Que agradezca que este mundo bestial lo dejó de este lado de la camarita (me refiero a la Nikon) y que sepa que “alguien, con un mínimo de respeto, dignidad y vergüenza” debería dedicarse a hacer las cosas rapidito y bien porque: 

“De 1981 a 2005 el número de personas en la pobreza (menos de $2 al día) aumentó de 2.500 a 2.600 millones. La proyección para 2015 es de 2.036 millones.” (Ver “Pobreza” en Wikipedia).

Que ese "alguien" digno, respetuoso y pudoroso tome las medidas necesarias para dar de comer, para educar, para asistir, para dignificar, para incluir, para respetar a “esto” que parece una cosa y es un ser humano y respira, y tiene dolor, y sueña y tiene ilusiones y le encantaría el lujo de la comida diaria y el calorcito de la cama y la fiaca que da levantarse al baño a la noche.

¡Qué pretende el señorito! ¿Que, encima tengan tiempo para dejarnos la basura ordenadita?

El niño yuntero (de Miguel Hernández)

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra. 

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepurtura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente. 

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
u declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros. 

domingo, 4 de septiembre de 2011

Niños desaparecidos

Niños desparecidos

Cada tanto, en esas fiestas familiares en que no falta el alcohol ni las garrapiñadas, de boca de algún familiar o invitado dispuesto a cagarte la noche, oía esas historias de redes dedicadas a secuestrar niños, como una que hace unos años relataba que en un shopping de Buenos Aires tu niño te podía ser sustraído y una red preparada para cortarle el pelo y cambiarle sus rasgos en menos de lo que canta un gallo estaba presta para que en pocos minutos se lo tragara la tierra y sea vendido en distantes mercados, o lo que es peor "desarmado" al más puro estilo desarmadero de autos robados y convertido en riñones, córneas, corazón, hígado y cuanto "repuesto" pueda ser vendido en un presunto "mercado de órganos", un Warnes biológico.

Incrédulo y racionalista por un lado pero supersticioso y padre de dos niñas por otro, me quedaba calladito y rogando que no me pase a mí. Que ninguna de mis niñas termine desarmada en Río de Janeiro o puta en Tanger.

Pero, por otro lado pensaba, me preguntaba:

- ¿A cuántos conozco que les haya pasado esto? A ninguno me respondía.
-¿A cuántos conozco que conozcan a alguien que le haya pasado esto? A ninguno, volvía a ser la respuesta.
-¿A cuántos conozco que conozcan a alguien que conozca a alguien que le haya pasado esto? A ninguno, insistía la respuesta.

Y así, las diferentes generaciones de preguntas tenían la misma respuesta.

Pero, por si las moscas, viniéndoseme a la cabeza ese poemita atribuido a Bertol Brecht

«Primero se llevaron a los judíos,
pero como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero, tampoco me importó.
Más tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde.»

... por si las moscas, me quedaba calladito.

Mi idea era que si nadie conoce a nadie a quien le haya pasado, la cosa debe ser rara. Pero cada tanto en una factura de agua o de gas, o en un puesto de peaje veía una foto de uno o varios niños desaparecidos.

Me preguntaba, escéptico, mal llevado y racionalista como soy, si esas fotitos habrán servido al menos una vez para que alguien camino a su country reconociera a un chiquillo, denunciara a la policía y esa misma noche el pequeño estuviera de regreso en su casa mirando Friends en pijama y con pantuflas de Mickey Mouse.

Siempre mis respuestas conducían a lo mismo:

Que la desaparición de niños debía tener algún "denominador común"
Que debía ser muy improbable que a alguien le arrebataran su niño en un shopping y lo conviertieran en órganos, especies de "commodities", vendidos en "biowarnes".
Que las fotos de Missing Children en las boletas de la luz debían ser bastante ineficaces.

Pero claro, pensaba, si digo esto no faltará quien me diga que soy un fascista que estoy diciendo que si robaron a un niño "en algo andará" como se solía decir en nuestra época negra de militares iluminados.

Por otro lado, médico, me decía que si para transplantar un órgano hacen falta decenas de estudios de histocompatibilidad, exámenes de salud, antecedentes y revisaciones, un órgano de vaya a saber quién no sería fácil de poner en el cuerpo de algún huesped adinerado que lo pagara. Un órgano no es un caño de la cocina, que se rompe y se reemplaza. ¿Alguna vez se había descubierto alguna clínica que recibirera órganos de "vayaasaberquién" y se los instalara con cinco años de garantía a algún rico cuyo órgano había dejado de funcionar? La respuesta, ya me surgía más convincente. Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que me puedan arrebatar al niño, desarmarlo, poner sus organitos en taper refrigerados, llevarlos a un aeropuerto, embarcarlos, bajarlos en una ciudad cosmopolita, entregárselos a un cirujano y trasplantárselos a alguien que necesariamente tendría que ser rico porque un riñón tiene que costar más que una Blackberry y un hígado más que un LCD de 32 pulgadas (el hígado saldría más caro porque es órgano único).

Pero, callate la boca me decía. No vaya a ser cosa que una salida a McDonalds de tu niña termine en una puta en Tanger.

Mi lógica, mi culposa lógica, me decía que cuando un niño desaparecía "algo" pasaba atrás de esa desaparición. Y me decía que podría ser que ese niño se haya marchado por propia voluntad o que probablemente sus padres estuvieran violentamente separados (separaciones contradictorias que le dicen) y uno no dejara al otro ver al niño y éste se lo robaba, como leímos en los diarios algún caso de una joven argentina que en arrebato transcultural decidía casarse con un musulmán, tener un hijo con él y después decirle que "no me acostumbro a Islamabad, es demasiado seco, me voy y me llevo al niño". Creyendo que su musulmán consorte le iba a decir -Como quieras mi amor, vuelve a Buenos Aires y nos vemos en las vacaciones.

El asunto no me cerraba, pese a que mi madre, que es muy supersticiosa y a quien subyugan las historias oscurantistas, me traía todos los días relatos de niños desparecidos y casas donde los muebles se movían solos por la noche.

Y desapareció Candela, pobrecita. Y apareció Candela, asfixiada y desfigurada, pobrecita.
Y surgió un fárrago de columneros baratos con voces afectadas, de shows mediáticos, de periodistas post-menemistas que no sirven ni para donar órganos porque nadie se los aceptaría y por qué no, de gente bien intencionada y solidaria con ánimo de ayudar sin saber cómo.

Y en medio de ese show surgió Cristina Fernández. ¿La Presidenta? No, otra. Una homónima. Una Cristina Fernández que es coordinadora nacional del Registro de Menores Extraviados que con voz de quien sabe lo que dice y lo que hace, en pocas palabras nos aclaró:

Que el 75 por ciento de niños desparecidos se van de su hogar (muchas veces ni debe ser hogar) por su propia voluntad.
Que un 71 por ciento de ese 75 por ciento son niñas.
Que en el 25 por ciento restante (los que no se van por propia voluntad) hay detrás desavenencias familiares, tironeos, violencia y otras yerbas.
Que esos que se los "traga la tierra" sin ninguna "causa aparente" son menos del 0,1 por ciento... (y estos son los bebitos que desaparecen de las nurseries).
Gracias Cristina.

Después leí que la mamá de la pobre Candela tiene un hijo de otro hombre que está detenido por robo calificado aparte de saber que el papá de Candela está detenido por robo calificado.
La pobre Candela tuvo la desgracia de nacer en un hogar, llamémosle adverso. Probablemente su padre, preso, también tuvo una historia adversa. Probablemente el padre de su hermanastro, también preso, tuvo una historia adversa.

Cuidado! no se confunda ni me confunda! No soy un Ingeniero Blumberg que pide más cárceles ni ejércitos en la calle. No estoy hablando de eso. Estoy diciendo que en la explicación de estos hechos sistemáticos, primero hay que pensar en lo más probable.

Cuando rotaba en Infectología y estudiaba pacientes que tenían fiebre y su origen no era claro aprendí que "uno debería considerar primero lo obvio", es decir que si el paciente tenía fiebre y además, tenía tos pensáramos y buscáramos en los pulmones. Y si tenía fiebre y le ardía "ahí abajo" al orinar buscáramos en su vejiga. A este razonamiento axiomático se le llama "Leyes de Sutton" por un tal Willie Sutton, ladrón de bancos, quien respondió a un periodista que le preguntó por qué siempre robaba bancos diciendo "Porque ahí es donde está el dinero".

Moralejas:

Las redes dedicadas a arrebatar niños y hacerlos órganos no existen.
Los órganos no son caños de plomo ni pistones que se pueden sacar de un huésped así de fácil como coser y cantar.
Las fotitos de Missing Children no sirven para nada. Al menos no sirven para lo que pretenden.
Cuando un niño desaparece, detrás de su desaparición suele haber leyes de Sutton que pueden ayudar a pensar en las causas. Que de eso se encarguen los polis si llegan antes de que los mercaderes de medios "les destruyan la escena del crimen".
Las redes de trata de blancas son cosa más compleja, también llena de leyes de Sutton...

domingo, 26 de junio de 2011

Sin partitura

Tus piernas no temblaban en ese momento; tus manos no sudaban frío; tus dedos sabían lo que hacían, tenían fuerza para matar; tus ojos sabían qué mirar, sabían cuándo mirar; tus ojos sabían cómo mirar. Tus piernas abiertas, firmes tus tobillos, medias negras, tacos finos, pies firmes. Firmes tus tobillos, muy firmes. Tu espalda recta le daba la espalda a tu espalda recta, debajo de tu vestido negro, debajo de tu cabello recogido hace un rato con esa automática y erótica dedicación conque se recogen el pelo las mujeres, las mujeres de verdad para quienes su pelo está allá lejos o acá cerca cuando tiene que estar allá lejos o acá cerca. Tus piernas abiertas, tus muslos tensos. Eras valquiria llevándome a la batalla del fin del mundo. Por vos, valquiria, moría por vos valquiria de muslos firmes y pelo recogido.
Tocaban Mahler, tocaban la Trágica y ahí estabas. Ahí, adelante con tu cello, indiferente a mí que te deseaba tanto en ese momento.
Salimos y llovía, tomamos un taxi, hablamos poco, nos desnudamos sin partitura y ya nada coincidía. Tus tobillos no estaban firmes, entre tus muslos no era tu cello, ni tu mirada sabía qué mirar. No había partitura y tus manos sudaban frío y temblaban, tus manos. Allá arriba, todo es diferente con Mahler. Acá estamos perdidos; abecedarios desencontrados en la angustia de sábanas húmedas de un frío invierno porteño, queriendo encontrarnos, sabiendo que nunca podremos. Porque el mundo está escrito y no estamos juntos en su partitura.

sábado, 4 de junio de 2011

Soñé que había nevado

Percibimos la nieve un segundo antes de correr las cortinas. Por el silencio, por los ruidos alejados y amortiguados, porque la nieve se come los ladridos de los perros, porque la nieve no permite que le griten, porque la nieve alegra lo alegre y hace de lo triste una tragedia. Los recuerdos de hechos que ocurrieron en días nevados se almacenan en algún lugar diferente de la mente y vuelven a ella en forma de melancolía o nudo en la garganta. 
Hoy soñé que estaba, como de paso, en la casita chica de mi infancia, de mi pueblo de casas bajas y calles anchas. Dormía una siesta en un sofá. ¿Por qué estaría? Era como si hubiera pasado un rato, como cuando usamos esos tiempos muertos en ciudades extrañas para ir a conocer una referencia histórica o la casa de un poeta muerto. La muerte de un poeta siempre es triste aun cuando no se hayan suicidado o muerto de alcoholismo o Alzheimer como queda bien que hagan los poetas.
Me levanté, en mi sueño, y con ese nudo en la garganta y sensación de explosiones apagadas abrí las cortinas. Estaba oscuro ya, pero una luna enorme azulaba la nieve que lo cubría todo. Lo primero que hacemos cuando descubrimos la nieve es inspirar brevemente con la boca entreabierta y ahogar el comentario; lo segundo es mirar al cielo. Caían copos como caen los copos de nieve. Lentos y oblicuos. Miré hacia adentro para decir -Está nevando justo en el momento que me despertaba e iba a la ventana buscando una nieve imposible en una ciudad donde jamás nevó. Abrí la cortina y me preparé para los gestos que la nieve manda. No había nevado. Estaba tu carta sobre la mesa. Entreabrí la boca, inspiré brevemente y apagué el comentario. Te habías ido.

domingo, 22 de mayo de 2011

Tu perfume

Nos saludamos como si fuera hace un rato. Porque todo era igual. Salvo tu perfume... Tu perfume no era el de nunca cuando nos saludamos como si fuera como siempre, aunque fuera como nunca. Entré en él, me caí en él, me abismé en tu perfume y eso fue todo. Toda la noche mandaste, toda la noche mandó tu perfume, tu piel, los pliegues de tu ropa, esa frontera donde termina la ropa y empieza la piel... abismo, ganas, deseo, sensaciones. Esa frontera en que termina el perfume y empieza tu perfume, el verdadero, el tuyo, que se confunde con mi deseo y funde nuestros deseos

sábado, 26 de marzo de 2011

Una librería de viejo - No bombardeen Buenos Aires

Hace un tiempo, caminando frente al edificio de Obras Sanitarias (hoy Aysa) me detuve a mirar una vieja librería "de viejo" que está a un costado. Se llama El Glyptodón:
Ayacucho 734 - Buenos Aires
4734-7973


libreriaelglyptodon@gmail.com


www.libreriaelglyptodon.com.ar


Estuve un rato conversando con su dueño, Alejandro, quien me entregó un folletín de la librería con el detalle de su servicio de biblioteca que copio al final.
Me hizo acordar a la librería Shakespeare and Company en París en la Rue de la Bûcherie, en el Barrio Saint Julien le Pauvre, y a otra, Abbey Bookshop que está en el número 29 de la Rue de la Parceheminerie, cerca de la iglesia de Saint Séverin y también cerca de Shakespeare, mucho más célebres por estar en París donde todo está rodeado de cosas de un interés y belleza, que hacen circular a miles de turistas diariamente, pero no más bellas ni pintorescas que el Glyptodonte.
Pensé, cuán frágiles son estos negocios, bares, casas de lapiceras, de cuadros, de tabacos, de chocolates, bistrós y miles más.
Cada vez que un negocio de estos desaparece y unos energúmenos desembarcan un fin de semana, munidos de pinturas, taladros y radios que suenan a todo volumen, pintan todo de lila, ponen luces fluorescentes, un aire acondicionado gigante que flagela la fachada, una marquesina que sobresale hasta la calle, que a los pocos meses estará oxidada para siempre, unas sillas de plástico blancas que dicen Coca Cola y en el mismo tiempo estarán negras y resquebrajadas, un toldo de colores chillones, que se ensuciará y deteriorará hasta el colgajo, un pretencioso cartel que reza pretenciosamente Drugstore o Locutorio-Internet. Se cubrirá la acera de manchones negros de chicles escupidos que nadie sacará. Cada vez que esto ocurre, es una puñalada más a Buenos Aires (a la dignidad de cualquier ciudad, bah!), ciudad bella en muchos lugares pero ultrajada por ciudadanos y autoridades de turno que por una coima entregarían a su madre y permiten construir mala calidad, al lado de estos sitios históricos.
Me fui por las ramas. La idea de esta nota, que espero compartan con muchos, es que, como yo, pasen por la librería, tomen un café con su dueño y disfruten del "paisaje". 
Alejandro, me mostró un libro del edificio de Aysa, que en su momento no le compré porque no tenía los 80 o (ahora esta o va sin tilde, según la RAE) 90 pesos que salía y el día que me decidí ya no estaba provocando que me jurara una vez más que debía hacer las cosas en el momento en que las sentía.


Tratemos de ayudar a preservar estos rincones de Buenos Aires.



El folleto de El Glyptodón dice así:

Comprando por un mínimo de veinte pesos usted ya es socio por treinta días. Tiene a disposición dos mesas de lectura y una para libros especiales (incluye un té o café sin cargo).
No asume la obligación de pagar cuota alguna
Los libros usados en buen estado que adquiera aquí, puede canjearlos por otros del mismo precio o como parte de pago
Puede repetir tres veces la permuta, con un plazo máximo de seis meses por cada cambio, mientras conserven el estado en el que fueron adquiridos.
Esto significa que comprando un libro podrá leer cuatro.
Para que estos servicios de biblioteca sean posibles se le inscribe un código al ejemplar adquirido, donde consta la fecha, el estado del libro, el precio y la firma del responsable de la misma.
Lo esperamos de lunes a sábados de 12 a 19

lunes, 7 de marzo de 2011

"Somo de la cashe"

Vino hacia mí. Apareció cuando el sol de febrero teñía de naranja fuerte el edificio Kavanagh que se filtraba como un cuadro de Monet detrás de las tipas y jacarandaes. 
Era bonita, un rostro moreno de labios gruesos y ojos color de miel, un cuerpo sensual, erótico, solo desdibujado por una panza al aire que delataba su vaya a saber qué número de embarazo, unas estrías blancas que le acuchillaban el vientre, unos pies descalzos y muy sucios y una boca que mostraba el espacio de dientes que ya no estaban.
"Somo de la cashe..." me aclaró, como si hiciera falta. El "somos" probablemente, en forma inconsciente me estaba diciendo "Somos muchos, imbécil, no se vaya a pensar que ando así porque se me ocurre a mí sola".
-¿Me puede dar algo de plata pa comer?
Enajenado por su figura y mis pensamientos, no entendí la última frase, le dije:
-¿Perdón señorita?
A lo que siguió un leve silencio de su parte, una sonrisa y un agradecimiento:
-¡Qué educado! no sabe cómo nos tratan.
Le di diez pesos; "una fortuna" para ella, una miseria, para mí que seguramente me gastaría unas veinte veces esa cifra, en una comida de autor, dentro de un rato.
Perdón, señorita. Perdón.
Espero que algún día, algún gobierno que no se crea el Estado me saque una buena tajada de mi comida de autor y no se la robe: para que usted coma, para que usted se eduque, para que planifique su familia y hasta se tome vacaciones. Yo seré algo más pobre y los dos seremos mucho más ricos. Perdón señorita, tengamos paciencia. 

De témpanos y pajaritos

Nadie podría asegurar si fue la lógica evolución de un proceso natural, un encuentro casual, o el resultado de una figura, uno de esos juegos geométricos de Cortázar que no son otra cosa que configuraciones del destino. Actos aislados e individuales ligados a otros actos aislados e individuales que terminan en un tercer acto que es el destino. Un pajarito vuela de una rama a otra, acá; para que un témpano se desprenda de un glaciar allá, para que nuestras miradas se encuentren acá. Pajarito, témpano, miradas. Nuestras miradas que necesitan del vuelo del pajarito acá y el desprendimiento del témpano allá para encontrarse acá. Nuestro destino. Y así, así allá y así acá. Un aire acondicionado funcionando mal en un verano porteño funcionando bien, buscarte en la agenda, llamarte a un teléfono que no usás desde hace tiempo pero que ese día tenías en el cajón del escritorio. Quiso el destino, si renegamos de las figuras, que justo, cuando sonó estuvieras al lado y respondas a un número desconocido...
Una llamada casi comercial, llamémosle así, a esa llamada que sorteó azares, y movió témpanos y pajaritos,  despertó un escucharse de voces no tan comerciales, una explícita intención de amistad "desayunamos juntos y nos hacemos amigos", una respuesta rápida "claro que podemos ser amigos, siempre, SIEMPRE, tengo tiempo para la vida social y los amigos" (así con mayúsculas el segundo siempre), y una agenda de jazz y bossa. Una primera noche en que, las cosas no salieron bien. Hubo más desencuentros que encuentro, un malhumor larvado jugando a cuchillo bajo el poncho a serpiente de cascabel debajo de la piedra donde está la flor. Buscar una respuesta y no encontrarla o encontrar una tensión, querer alargar la noche un poco para, enseguida, darse cuenta que lo sensato habría sido acortarla. Que había que dejarse llevar por la corriente porque la corriente no quería encontrarnos esa noche. Pero nos desencontraba para encontrarnos enseguida, como cuando una rama separa aguas que luego, ahí nomás, se juntan.  Después de esa rama, muy rápido, otra agenda, otra noche de jazz, un espectáculo menor en un lugar más feo con las mismas reglas y formalidades, digamos. Solo que en algún momento, ver a nuestro vecino de mesa tocarle la espalda a su pareja, movió algún electrón de mi cuerpo, una minúscula gota de adrenalina, en forma de pajarito o témpano, nuevamente. Un tenerconcienciademimano, quizás mirarla y buscar con la mente o apenas con la mirada, tu espalda, que no estaba, porque estábamos sentados en lados diferentes de una mesita cuadrada, distinta a la del vecino, al lado de su chica y la vecina, al lado de su chico... Ese instante pasó y batería, saxos, piano y contrabajo siguieron hasta el final. Tu, tum, ta, tam, tu, tum...
"No te bajes, no hace falta", mi beso y abrazo de despedida, breves y formales, tu reproche de un abrazo feo o reclamo de un abrazo mejor.
No costó nada mejorarlo. Encontré tu hombro derecho pegado a mis labios y los electrones y protones se empezaron a despertar como los pájaros, cuando amanece, así de rápido, así de inevitable. No se puede parar la salida del sol, ni los pájaros ni sus cantos. Y al lado de tu hombro, tu cuello, y encima de tu cuello tus labios, un tímido beso y una despedida por pocas horas, porque a poco de salido el sol ya estábamos juntos sintiendo el Parque Lezama, caminando por la plaza San Martín, alargando el encuentro con unos chiquillos de la calle a los que instruimos para lavarse los dientes y la chiquilla tuvo en la pasta dental que le diste de tu cartera, un regalo y una ilusión que despertaban la curiosidad de las extranjeras que tomaban vino blanco en la mesa de al lado. Empezábamos a encontrarnos.
A tu osadía le costó muy poco darme de comer de tu boca a mi boca, invitarme a tu cama, sacarme la ropa y traer esas cremas que casi nos incendian. Ahí estábamos, tratando de encontrarnos en un pasado que empezó muy lejos y hace mucho; buscando coincidencias y desencuentros y sorprendiéndonos gratamente al ver que nuestros cuerpos van haciendo lo suyo y que los átomos están revolucionados y que nada hay que envidiarle a la mano del vecino en la espalda de la vecina. Dormí a tu lado y creí descansar. Soñé que estaba solo y me angustiaba no encontrarte, empezaba a necesitarte...

jueves, 27 de enero de 2011

Los desclasados

Pese a que se los menciona en charlas de café, jamás conocí a un "subclasado"; déjenme llamarle así a alguien que creció económicamente y pudiendo comprarse un departamento en Palermo o Recoleta se quedó en su segundo piso por escalera de su San Cristóbal de siempre.
Sin embargo es muy frecuente que ante algo que le huela a medio pelo algún aspirante a descamisado te salte a la carótida y te deje hecho añicos antes de que puedas empezar a ponderar el conejo al vino blanco que te comiste en el bistrocito de Rodríguez Peña. Un "qué rápido te olvidaste del sanguche de mortadela eh?" es suficiente para que tu bistrocito y el conejo vuelen por los aires entre risotadas complacidas.
Gabriela me contaba que ese año decidió hacer algo distinto y los dos, todavía sin hijos se fueron a un encantador pueblito de pescadores cerca de Fortaleza. Una joya donde no hay turistas.
Mientras él se quedaba leyendo en la posada rústica, Gabriela se mezclaba desde temprano con los pescadores "y era uno más". Los ayudaba con las redes y un día hasta se embarcó a las dos de la mañana. Él fumaba, leía a Jauretche y Scalabrini Ortiz.
El día que se casaron, Gabriela, embarazada y con panza, fue la primera en llegar, la primera en sacarse los zapatos y la última en dejar de bailar, ante la boca abierta de padres y tíos y despertando no pocos –¡Qué loca esta chica, siempre fue así!, terrible de chiquita jugaba al fútbol con los hermanos y sus amigos. – ¿Te acordás del día en que se fue del partido llevándose la pelota?! La mañana siguiente de la boda (al rato, bah!) salieron para Maldivas.
El Panda nunca fue de sentirse a gusto en reuniones ni estar de acuerdo así nomás. En el bar era de los que se sientan en una esquina de la mesa, medio cuerpo hacia fuera, un codo en la mesa y el otro apoyado en la pierna que mueve incesantemente; la mirada siempre hacia abajo y hacia el otro lado de la conversación, cada tanto una sonrisa de desaprobación, Fernet Branca, aceitunas y escarbadientes. Llegaba sin saludar, pasaba por la barra, pedía su ración y se sentaba. Cuando alguno de los amigos hacía un comentario indirecto y provocador El Panda levantaba una ceja, sonreía despectivamente y con un solo comentario-ladrido, neutralizaba a su ocasional contendiente provocando la carcajada general. Se iba sin saludar y pagaba lo suyo en la barra. Es de San Lorenzo.
Cuando se casaron se fue a vivir a Palermo Viejo, mandó a los chicos a un colegio privado (cosas de ella) con ceremonia con toga cuando terminaron el pre-escolar, se subió a la cuatro por cuatro y cruzaba las dunas con unas bermudas negras amplias, a los saltitos para no quemarse, con una tabla de surf bajo el brazo asegurada con tobillera de velcro y un reloj gigante amarillo uaterresistant con muchos botoncitos y cositas fluorescentes. También anduvo en cuatriciclo japonés y se perfeccionó con los asados en su casa con jardín y pileta, siempre aclarando que no estaba ahí por decisión propia sino porque la vida lo había puesto en ese lugar y no quería joder.
Gabriela se casó con El Panda, quien sin chistar se metió en la Jupá, rompió la copa, fue revoleado en la silla y Mazel Tov! La novia bailando sin parar, El Panda revoleado sin parar y sus amigos tuvieron la fiesta de su vida. Sarita, la mamá de Gaby, no estaba muy convencida con El Panda. Al otro día medio dormido lo llevaron a Ezeiza y se fue a Maldivas, no sin antes tener que volver a buscar los pasaportes que habían quedado en la mesa de la cocina.
Después Agustín, después Florencia, los colegios, las fiestitas y todos a Orlando con Mauricio, (el papá de Gaby) y Sara que invitaban. El Panda manejaba, pasándose en todas las interestatales, Mauricio daba las indicaciones, le decía que prestara más atención y miraba los planos. El GPS ni siquiera se soñaba.
Lo de la casa del country fue una casualidad. Cuando Mauricio se enteró que se vendía la de al lado, lo mandó a Puricelli, su fiel gerente de compras, a que negocie. Si se enteraban que él estaba detrás de la casa el precio iba a ser más alto. Con el buen precio que peleó Puricelli escrituraron a la semana. Gabriela y Sara arreglaron la casa, los chicos tuvieron su habitación y llevaban a sus amiguitos; al Panda lo pusieron a hacer asados, Gabriela y Sara hacían la picada y Mauricio los tragos. Los fines de semana que se iban con Gaby al cine del Shopping, Agustín y Florencia se quedaban "al lado" como le decían a la casa de Mauricio y Sara.
Los tragos más amargos le tocaban al Panda cuando las salidas eran con David, el hermano de Gaby y Karina, su mujer. Todos los chicos se quedaban en lo de de los abuelos. La guerra de almohadones con Mauricio y Sara era un clásico que no pocas veces terminaba en llanto y con algún chichón.
Gabriela, El Panda, Karina y David reservaban mesa en Francesco que era el lugar preferido de David al que llamaba "mi oficina" porque se reunía seguido con clientes y proveedores. David pedía la pasta y recomendaba los platos, luego de hablar con Francesco que venía a saludarlo a la mesa. Un día escandalizado le paró la mano al Panda cuando a los Penne Rigatti con frutos di mare les estaba por poner queso rallado. –Pará animal, los mariscos no van con queso. ¡La puta que lo parió! estuvo a punto de decir El Panda... pero se contuvo.
Hacía rato que no se iban todos juntos de vacaciones, después de "la tragedia de Buzios", como recordaba El Panda a ese enero que fueron todos juntos a Brasil, cuando todavía vivía la madre del Panda y cuando su hermana, que no paraba de fumar y hablar de Perón, fue con su novio separado, también peronista y terminaron yéndose a los dos días rotulando de insoportables a Sara, y David… e "idiota" a Karina.
Las experiencias comerciales del Panda no fueron muy felices. Primero Mauricio lo llevó a la fábrica con la idea de que se integre pero al Panda le resultó imposible convivir con David, ingeniero industrial con "embiei" en Harvard que lo llamaba los domingos a la mañana para desayunar en La Tranquera y empezar a pensar en los bonus para los gerentes; "Tenés que tenerlos contentos, pero nunca, demasiado contentos, decía David, enfatizando y alargando el "demasiado". El Panda miraba el reloj mientras David mechaba palabras en inglés.
Cuando Gaby le dijo al padre que El Panda no daba más a Mauricio se le ocurrió lo de la fábrica de hielo. Rotundo fracaso, como también lo fueron lo de los filtros para piletas y la cuadrilla de pintores.
Cuando Gaby y El Panda se separaron, David se encargó de los arreglos saliéndoles al cruce a los abogados de frente transpirada y saco con caspa en los hombros, "representantes" del Panda al que llamaban "nuestro cliente" mientras se relamían pensando en la fábrica. Al Panda le tocó la camioneta y una casa en otro country, pero de la zona oeste. "A ese pelotudo lo quiero bien lejos de Pilar", le decía David a su padre.
Gaby tiene novio, cirujano, separado, quince años mayor que ella pero muy buenmozo, encantador con Mauricio y Sarita, con abono en el Colón, y que con los ojos cerrados distingue un Malbec de un Tempranillo y a éste de un Syrah, encuentra los quesos ideales y tiene un buen handicap en golf.
El Panda está pensando en hacer un paquete y vender la casa del country y la cuatro por cuatro; "la dos por tres", como le llama El Oso esperando que le pregunten por qué para responder "porque cada dos por tres está en el taller".
No hay canilla que no pierda en la casa del Panda, la pileta se llenó de hojas y la pintura se descascaró. Al principio le pareció irrisoria la oferta de Mignone propiedades. Cuando quieran hablar en serio los escucho le dijo el Panda al representante antes de cortarle el teléfono. Pero la semana que viene, está pensando en sentarse a conversar.
El Panda llega al bar, pide lo suyo, se sienta y mira para el otro lado.
Patricio, guiña el ojo a los demás y pregunta
-Panda ¿Cuándo te casás de nuevo, así tenemos joda?
-Andá a la puta que te parió. Carcajadas.

domingo, 16 de enero de 2011

Que no cese el rayo

El rayo que no cesa: Miguel Hernández

Por suerte Internet me permite repasar la biografía de Miguel Hernández, poeta oriolano que escribió El niño yuntero a quien cité en mis "notas sociales" si me permiten la pretensión. Erróneamente puse Rafael Hernández, porque estoy más acostumbrado a escribir y decir Rafael Hernández, por mi amigo, Rafael Hernández, que Miguel. 
Miguel Hernández tuvo, junto a su proverbial talento literario, todos los condimentos que hacen que un escritor desgarrado pase a la inmortalidad: pobreza desde niño, mucho dolor, un amor tormentoso, salud precaria, cárcel y muerte.
De su relación con Maruja Mallo, pintora lucense que vivió 93 años y desveló seguramente a Miguel, surgió El rayo que no cesa.
Lamentablemente, no estoy enamorado. No "padezco" ese estado de irrealidad con angustia en el pecho y sueños interrumpidos por latidos del corazón, pero, estado sublime al fin, que vale la pena transitar.
Leyendo muchas veces el dolor del niño yuntero, me quedé "colgao" de Miguel Hernández y, junto con el enlace cibernético, que los lleva al rayo que no cesa, les deseo un 2011 atravesado por rayos que no cesen.  Al fin de cuentas, la vida es sumamente breve e intrascendente: Es grande el universo y arriba siembran mundos, imperturbable, persiste en tanta noche, el grillo berbiquí (Octavio Paz).
¡Muchos éxitos!

miércoles, 12 de enero de 2011

Reflexiones del día después - 28 de octubre de 2010

Debe haber entrado en mi conciencia por el año 1967; yo iba a ver los partidos intercolegiales de básquet porque jugaba un primo y él jugaba para el Colegio Nacional.
En el año 1968, yo estaba en el 6º grado de la Escuela Provincial Nº 10 Hipólito Yrigoyen, a la que mi padre me mandó, precisamente por el nombre de Yrigoyen. Él estaba terminando el 5º año del secundario y haciendo las prácticas de magisterio en mi escuela. Entraban a nuestras clases él y sus compañeras (casi todas eran mujeres), hermosas, grandes, inalcanzables como ve uno a las chicas de la secundaria cuando está en la primaria. Él era muy alto y con la misma cara de hace unos días, antes de morir.
Un día, un chiquillo malcriado lo quiso sobrar y cuestionar. A la salida, un grupo de alumnos rodeaba al de séptimo y a Lupín, a quien el sobrenombre se lo puso mi primo, Ricardo Casas, por su parecido con el aviador de la historieta de formato Isidoro Cañones. Lupín (no le decíamos Lupin, sin acento, le decíamos Lupín) resolvió todo con un cachetazo. Después no querían darle el título de maestro por su problema de dicción (ese sonido de jota que le daba a las eses) y también, se decía, por mal llevado. 
Cuando me fui a La Plata a estudiar Lupín volvió y empezó su conocida carrera.
Siempre estuve en contacto con Santa Cruz; muchos compañeros míos que no estudiaron y se quedaron como empleados públicos hoy están jubilados, viviendo en Buenos Aires y hablando de sus nietos.
Lupín tenía fama de autoritario y extremadamente avaro (jamás pagaba un café, ni siquiera el de él). 
Se comentaba (y lo que se comenta en los pueblos, suele ser la verdad de la milanesa, como dice mi amigo el Chango) que en pocos años hizo decenas de propiedades, ejecutando prendas de electrodomésticos y otras yerbas), generalmente a "chilotes" (el gentilicio de los naturales de Chiloé utilizado despectivamente en el sur para nombrar a un chileno) pobres, con olor a capón y manos curtidas que se compraban su televisor y después Martínez de Hoz y Lupín se encargarían de sacárselos. Cristina, dice mi primo, entraba a su bufete y altisonante les decía ----Mirá Oyarzún, más vale que pagues porque si no te vamos a ejecutar la casa. Y mi primo le decía, Cristina, tené cuidado que un día te van a pegar una trompada eh!. 
Luego vino la titularidad de la Caja de Previsión Social de la Provincia de Santa Cruz, una gran caja de recaudación, luego la intendencia y luego 12 años de gobierno donde seguramente multiplicó su fortuna y empezaron a hacer las propias sus ad láteres.
En el 2003, lo voté. No fue mi primer voto peronista porque ya había votado a… (¿Pilo le decían?) Bordón.
Agitado, ante la Asamblea Legislativa nos dijo:

"Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando".
"Por eso los convocamos a inventar el futuro. Venimos desde el Sur del mundo y queremos fijar, junto a todos los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo, para de esa manera crear futuro y generar tranquilidad. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver".

Al fin! Me dije… con lágrimas en los ojos (yo también vengo del sur del mundo).

..."Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses".

Después, al poco tiempo, dijo “Somos gente común en funciones importantes” No les miento, se me cayeron las lágrimas y empezó mi crisis de lo que me habría gustado ser y ya no iba a ser: Presidente (entre tantas otras cosas que incluyen piloto de fórmula uno, arquero de la selección, cirujano famoso y marido de Carolina de Mónaco).

Con los meses todo se (me) fue desvaneciendo: siguió reduciendo la política a la sola obtención de resultados electorales sin temor a patéticas maniobras electoralistas que dejaron pálidas a las del menemismo de Palito y Reutemann. Un día apareció un engendro llamado “listas testimoniales”.  Se enriqueció obscenamente; dos o tres decenas de coterráneos conocidos se enriquecieron obscenamente y cuando digo obscenamente digo muchas estancias, aviones privados, decenas de propiedades, casinos, bancos, hoteles.
Las instituciones se empequeñecieron aún más de lo que ya las había empequeñecido Carlos Saúl.
Aplaudí sus cruzadas contra los “chacareros” enriquecidos groseramente a fuerza de evasión (hay un 50% de evasión tributaria en el campo) y esclavitud de los peones rurales que hoy, están exactamente igual que en la época de las huelgas de la Patagonia que terminó reprimiendo brutalmente Yrigoyen, haciéndoles morder polvo y espanto a los pobres obreros.
Aplaudí que desde el primer día haya puesto a desfilar a los represores genocidas por los tribunales: Era más fácil hacerlo ahora que en las épocas en que Raúl Ricardo los sentó en nuestro Nuremberg, pero también podría no haberlo hecho y lo hizo.
Aplaudí que le haya puesto la mira a Irán en la causa Amia.
Aplaudí el matrimonio civil entre personas del mismo sexo. No habrá sido proyecto propio, pero lo hicieron pudiendo haber pateado la pelota para adelante.
Aplaudo la cruzada contra Clarín y La Nación, cómplices y consecuentes con el proceso. Sí, es cierto, cuando estas cruzadas vienen de los políticos y no de la justicia, suenan más a venganzas entre mafiosos que a un verdadero ejercicio de la Justicia.
Aplaudí la cruzada contra la señora de Noble por el origen de sus hijos adoptivos. También, tiene usted razón, no son funciones del Poder Ejecutivo arremeter contra los ciudadanos, más como ajuste de cuentas que como ejercicio de la justicia.
Aplaudo un puñado de cosas más y se me acelera el corazón pensando que “iba a por el aborto legal" única y probada forma civilizada de terminar con los crímenes clandestinos de (¡Cuando no!) los pobres.
¿Pero?
Pero se enriqueció brutalmente y sus ad láteres se enriquecieron brutalmente.
Pero en lugar de hacer una profunda reforma impositiva, que es la única forma de distribuir genuina y legalmente la riqueza y sería una real y estructural “política de Estado a largo plazo” de las varias que prometió en su asunción, prefirió la chequera y la compra contumaz de voluntades políticas.
Pero en lugar de encarar una extremadamente necesaria reforma sindical que saque a patadas a los gordos caciques, también brutal y obscenamente enriquecidos a costa de nuestro dinero de la salud (las Obras Sociales), prefirió mantenerle sus “cotos de caza” y ni los tocó.
Sólo el peronismo puede encarar estas dos desesperadamente necesarias Políticas de Estado: reforma sindical y reforma impositiva que pueden hacer de la Argentina un país genuinamente serio y estructuralmente equitativo. Las asignaciones universales, los planes Trabajar, Remediar y lo que sea, son buenos en tanto y en cuanto le sacan las papas del fuego a quien “esta noche” no come.
Que se haya muerto, seguramente es una tragedia. También es una tragedia que sea una tragedia que se haya muerto. Porque un país es mucho más serio cuando no depende de una persona, como una planta del agua. Como también es una tragedia que salgamos corriendo a la plaza cada vez que se nos muere el dios de turno (porque no es bueno que ningún país tenga dioses). Como también es una tragedia que si no hago todas las salvedades que estoy haciendo, ante la más mínima crítica se me tilde (y crucifique) de “gorila”, “medio pelo y vendepatria”. Como también es una tragedia que, aun haciendo esas ponderaciones algún “estratega y politólogo” de los 30 millones que tenemos diga: Éste es gorila.
Como también es una tragedia que mi amigo, que cada día lee más diga “En el 2011 les vamos a recontra llenar las urnas y les va a cerrar la historia…”
Ah! me olvidaba. Voy a votar a Cristina. No encuentro otra opción mejor. Me gustaría que vaya “a por el aborto” que vaya “a por una Argentina laica en serio, sin subsidios a colegios de curas, sin crucifijos en las oficinas públicas y cuya cercanía o lejanía a Dios quede en manos de nuestras propias creencias”.
Pero que dejen de robar.
Pero que hagan volar por los aires a los gordos, caciques corruptos enriquecidos a expensas de los bolsillos de los pobres obreros que dicen defender.
Pero que no tengan la necesidad de mentir con las estadísticas.
Pero que tiren la chequera y mediante el Congreso hagan una reforma impositiva que distribuya en serio sin necesidad de perpetuar impuestos obscenos y regresivos.
Pero que logre, de una vez por todas, que el "empresariado nacional" deje de evadir brutalmente como lo hizo históricamente con la complicidad del gobernante de turno (porque las coimas por la evasión son una riquísma fuente de plata en negro para perpetuar trapisondas).
Pero que haga un Sistema Nacional de Salud regionalizado, racional, eficiente, sacándoles las Obras Sociales a los atroces demonios, caciques, gordos, enriquecidos y ladrones y a los demonios y ladrones de los gobernadores provinciales que las usan como cajas de recaudación.
Pero que, si fuera posible, termine con las miles de escuelitas privadas secundarias y terciarias que destruyeron el sistema educativo nacional.
Estas cosas, y muchas otras más, solo el peronismo las puede hacer. Repito: solo el peronismo las puede hacer.
Pero hace 50 años que gobierna y no las hace. Y ese peronismo que recontra llena las urnas nacionales y que, una vez más, tendrá mi voto también lo tuvo a José López Rega, a Ivanissevich, a Carlos Saúl Menem y a Eduardo Duhalde (no me los imagino a él y a Chiche bregando por un país laico y con aborto legal).
Lupín murió peleando. Lástima que se haya muerto rico. Si no lo fuera, todo me cerraría más y mejor.
¡Viva la Patria! Si la dejamos…

Buenos Aires, 28 de octubre de 2010

domingo, 9 de enero de 2011

Tengamos cuidado. No empecemos

Recientemente recibí un e-mail titulado "Bienvenidos a Costa Pobre" que planteaba nuestros problemas sociales desde el ángulo que empieza conque los bolivianos ensucian y termina con el mensaje de que "Hay que ponerles límites". El autor no lo firma. Yo, le respondo (y firmo): 
Decir "un boliviano" es estigmatizar, es discriminar. Lo mismo que decir "un judío", "un negro". No porque el gentilicio sea estigmatizante sino porque no es lo mismo decir un niño boliviano o un escritor judío, que decir “un boliviano”, “un judío”. Así, los argentinos (los europeos, el mundo bah!), cada vez más, nos vamos llenando, inconscientemente (ignorantemente), subliminalmente, de prejuicios." Hacemos aún más cruel la estigmatización: Un brasuca" , "un yorugua" "un paragua" "un bolita" "un peruca" "un chilote", "un negro". En este último caso "un negro" es el "gentilicio" que utilizamos para un pobre, que no tuvo educación, que de niño fue enviado a lavar parabrisas de día, después de interminables noches de hambre, violencia, alcohol, abusos sexuales y paco. Ese "negro" creció descalzo haciendo, en una esquina de calle que lleva a los countries, el clásico gesto que consiste en arquear el índice sobre el pulgar, despejando los otros tres dedos en clara representación de una moneda, ante una cuatro por cuatro negra, del tamaño de un camión frigorífico, con vidrios polarizados, más negros que nuestro pobre "negro", ante la indiferencia de sus ocupantes que viajan con sus nenes manejando una blackberry como si la tuvieran en el genoma. Ese negrito, chiquito, sucio, desesperanzado "Empieza a vivir y empieza, a morir de punta a punta, levantando la corteza, de su madre con la yunta" (de El niño yuntero de Miguel Hernández). 
Nuestros hijos van a colegios privados; carísimos "cursos de inglés" donde entre otras cosas no aprenden que hay "negros" hasta el día en que vuelven llorando porque les robaron el celular en medio de insultos provocando que agradezcamos que no haya sido peor y vayamos corriendo, el lunes, a comprarle otro celular, esta vez más caro para compensar el trago amargo que le provocaron "los negros". 
"Los negros" no tienen qué comer, no tienen dónde vivir, ni dónde defecar, ni nada. Eso se llama indigencia; hay muchos, "tenemos" muchos.  Algunos, "los darwinianamente más aptos", supieron agruparse y montar una compleja logística, el cartonerismo, que les permite "aferrarse" con los dedos azules, a nuestro "tejido social". La mayoría, no tiene voluntad porque su panza está vacía, no porque "no quieren trabajar". Porque, con la panza vacía, tienen la "lujuriosa pretensión" de llenarla, si es necesario robándole el celular a nuestros acomodados cachorros. Los judíos dicen, sabiamente, que primero se llena la panza y después se educa. Moisés, en el desierto, sació el hambre, “les llenó la panza” con matzá y luego les leyó las tablas de la ley. No creo que haya teoría económica que supere esta verdad: Primero se llena la panza; después se educa. Llenémosle la panza, démosle educación a todo ser viviente y van a ver como solitos encuentran trabajo y se dejan de "molestarnos". 
Cuando algún imbécil, altisonantemente luego de un día de furia de piquetes dice: "Tienen derecho a protestar pero sin cercenar mi derecho a trabajar" (lo oímos casi todos los días de bocas de educados periodistas que llenan nuestras mañanas de radio ganando 50.000 dólares, ¡Sí, éso ganan!), me doy cuenta de cuán lejos va quedando la sensibilidad social que distinguidos periodistas puedan decir, amplificar, multiplicar, semejante estupidez, semejante ignominia. Claro, no sé cómo no se les ocurrió, podemos hacer un estadio, alejado de nuestras ciudades y trabajos para que "los negros" protesten sin cercenar nuestros derechos! Entonces, nadie los escuchará, nadie los padecerá y tras cartón, nadie, en esta putísima vida que les tocó vivir moverá un dedo por ellos. Podremos, luego vidriar (polarizadamente, claro está) nuestras ciudades, dejando eso sí, que "negros documentados" (y numerados si es posible) entren con horarios fijos a limpiar nuestra mierda. Nosotros no estamos para eso.
La inequidad, es la madre de todas las tragedias. Donde hay inequidad, hay intolerancia, hay violencia, hay descomposición social. ¿Cómo pretender que un chiquito desamparado y sodomizado, no quiera matar a nuestros niños con helado de Perssicco y flamante Blackberry?
Recientemente, Mirta Arlt, de 87 años, hija de Roberto Arlt, un escritor “desde la angustia”, mientras almorzábamos cómodamente un domingo de calor, con la sola molestia, de un aire acondicionado un poco fuerte, me decía: "Y claro, salimos a la calle y nos matan. ¿Y? ¿Qué tiene? ¿Por qué no habrían de matarnos? ¡Es lógico!. Sólo  de una enorme lucidez y sensibilidad, transmitidas en parte, probablemente, por los genes de un gigante sensible, como lo fue su padre, podrían haber salido tan pero tan sensatas palabras. Si nos matan ¿Qué?!
Baruch Spinoza, un filósofo judío, holandés del siglo diecisiete decía: "No reírse, no lamentar, no detestar, sino comprender". Comprendamos, metámonos en el problema desde algún otro ángulo diferente del de "nuestros derechos cercenados, de nuestros celulares robados, de nuestra libertad amenazada" Mientras haya miles de seres (humanos, por si no los reconoce a simple vista)  con hambre, desprotección y desasosiego y un puñado de elegidos "gozando de las bellezas del mundo, la luz de la luna sobre la anaranjada cresta de una nube, y la gota de rocío temblando encima de una rosa" (Roberto Arlt, Los siete locos), nuestra "integridad" nuestra "libertad" nuestro "derecho a vivir dignamente" estarán en peligro. Bienvenido sea el peligro y agradezcamos que África está lejísimos y Atlántico de por medio.
Empecemos entonce por echarnos la culpa a nosotros mismos, a nuestros gobiernos (sean del signo y color que sean). Y, si es posible, junto con ellos, con "los negros" pero por favor, no nos la agarremos con ellos, no pretendamos "que la policía haga algo", No esperemos que alguien "les ponga límite". Ya lo tuvieron. Su vida fue límite desde el primer berrido. ¡Vaya si tuvieron límites!. 
Si toman un predio destinado al ocio creativo de las clases acomodadas porque no tienen adonde carajo ir, no nos la agarremos con ellos, no tienen la culpa. Es el Estado (con el gobierno de turno que le toque) quien debería haber actuado para que esto no ocurra. Y, una vez que ocurrió, debería actuar solucionándole el problema a estos pobres desgraciados. Recuerde cuando nos quedamos sin luz y sin agua cómo ponemos el grito en el cielo. Bueno, estos “negros” viven sin luz, sin agua y sin comida. Y no me venga conque son vagos!
Al que escribió ese e-mail, Costa Pobre:
¿Le parezco demasiado progre? 
Si pensar así, si por lo menos tratar de educar a mis hijos enseñándoles que "ese negrito que está del otro lado del parabrisas" sufre, si decirles que "cada vez que digan negro" se les caiga la cara de vergüenza, porque hace mucho tiempo alguien empezó a decir "judíos" y terminaron destrozando a millones y porque así empiezan las cosas... e invariablemente terminan mal, soy progre. ¿No quiere hacerse progre y tratar de mejorar el mundo? Dele, ¿Qué le cuesta?. Pero no se la agarre con "los negros".