jueves, 27 de enero de 2011

Los desclasados

Pese a que se los menciona en charlas de café, jamás conocí a un "subclasado"; déjenme llamarle así a alguien que creció económicamente y pudiendo comprarse un departamento en Palermo o Recoleta se quedó en su segundo piso por escalera de su San Cristóbal de siempre.
Sin embargo es muy frecuente que ante algo que le huela a medio pelo algún aspirante a descamisado te salte a la carótida y te deje hecho añicos antes de que puedas empezar a ponderar el conejo al vino blanco que te comiste en el bistrocito de Rodríguez Peña. Un "qué rápido te olvidaste del sanguche de mortadela eh?" es suficiente para que tu bistrocito y el conejo vuelen por los aires entre risotadas complacidas.
Gabriela me contaba que ese año decidió hacer algo distinto y los dos, todavía sin hijos se fueron a un encantador pueblito de pescadores cerca de Fortaleza. Una joya donde no hay turistas.
Mientras él se quedaba leyendo en la posada rústica, Gabriela se mezclaba desde temprano con los pescadores "y era uno más". Los ayudaba con las redes y un día hasta se embarcó a las dos de la mañana. Él fumaba, leía a Jauretche y Scalabrini Ortiz.
El día que se casaron, Gabriela, embarazada y con panza, fue la primera en llegar, la primera en sacarse los zapatos y la última en dejar de bailar, ante la boca abierta de padres y tíos y despertando no pocos –¡Qué loca esta chica, siempre fue así!, terrible de chiquita jugaba al fútbol con los hermanos y sus amigos. – ¿Te acordás del día en que se fue del partido llevándose la pelota?! La mañana siguiente de la boda (al rato, bah!) salieron para Maldivas.
El Panda nunca fue de sentirse a gusto en reuniones ni estar de acuerdo así nomás. En el bar era de los que se sientan en una esquina de la mesa, medio cuerpo hacia fuera, un codo en la mesa y el otro apoyado en la pierna que mueve incesantemente; la mirada siempre hacia abajo y hacia el otro lado de la conversación, cada tanto una sonrisa de desaprobación, Fernet Branca, aceitunas y escarbadientes. Llegaba sin saludar, pasaba por la barra, pedía su ración y se sentaba. Cuando alguno de los amigos hacía un comentario indirecto y provocador El Panda levantaba una ceja, sonreía despectivamente y con un solo comentario-ladrido, neutralizaba a su ocasional contendiente provocando la carcajada general. Se iba sin saludar y pagaba lo suyo en la barra. Es de San Lorenzo.
Cuando se casaron se fue a vivir a Palermo Viejo, mandó a los chicos a un colegio privado (cosas de ella) con ceremonia con toga cuando terminaron el pre-escolar, se subió a la cuatro por cuatro y cruzaba las dunas con unas bermudas negras amplias, a los saltitos para no quemarse, con una tabla de surf bajo el brazo asegurada con tobillera de velcro y un reloj gigante amarillo uaterresistant con muchos botoncitos y cositas fluorescentes. También anduvo en cuatriciclo japonés y se perfeccionó con los asados en su casa con jardín y pileta, siempre aclarando que no estaba ahí por decisión propia sino porque la vida lo había puesto en ese lugar y no quería joder.
Gabriela se casó con El Panda, quien sin chistar se metió en la Jupá, rompió la copa, fue revoleado en la silla y Mazel Tov! La novia bailando sin parar, El Panda revoleado sin parar y sus amigos tuvieron la fiesta de su vida. Sarita, la mamá de Gaby, no estaba muy convencida con El Panda. Al otro día medio dormido lo llevaron a Ezeiza y se fue a Maldivas, no sin antes tener que volver a buscar los pasaportes que habían quedado en la mesa de la cocina.
Después Agustín, después Florencia, los colegios, las fiestitas y todos a Orlando con Mauricio, (el papá de Gaby) y Sara que invitaban. El Panda manejaba, pasándose en todas las interestatales, Mauricio daba las indicaciones, le decía que prestara más atención y miraba los planos. El GPS ni siquiera se soñaba.
Lo de la casa del country fue una casualidad. Cuando Mauricio se enteró que se vendía la de al lado, lo mandó a Puricelli, su fiel gerente de compras, a que negocie. Si se enteraban que él estaba detrás de la casa el precio iba a ser más alto. Con el buen precio que peleó Puricelli escrituraron a la semana. Gabriela y Sara arreglaron la casa, los chicos tuvieron su habitación y llevaban a sus amiguitos; al Panda lo pusieron a hacer asados, Gabriela y Sara hacían la picada y Mauricio los tragos. Los fines de semana que se iban con Gaby al cine del Shopping, Agustín y Florencia se quedaban "al lado" como le decían a la casa de Mauricio y Sara.
Los tragos más amargos le tocaban al Panda cuando las salidas eran con David, el hermano de Gaby y Karina, su mujer. Todos los chicos se quedaban en lo de de los abuelos. La guerra de almohadones con Mauricio y Sara era un clásico que no pocas veces terminaba en llanto y con algún chichón.
Gabriela, El Panda, Karina y David reservaban mesa en Francesco que era el lugar preferido de David al que llamaba "mi oficina" porque se reunía seguido con clientes y proveedores. David pedía la pasta y recomendaba los platos, luego de hablar con Francesco que venía a saludarlo a la mesa. Un día escandalizado le paró la mano al Panda cuando a los Penne Rigatti con frutos di mare les estaba por poner queso rallado. –Pará animal, los mariscos no van con queso. ¡La puta que lo parió! estuvo a punto de decir El Panda... pero se contuvo.
Hacía rato que no se iban todos juntos de vacaciones, después de "la tragedia de Buzios", como recordaba El Panda a ese enero que fueron todos juntos a Brasil, cuando todavía vivía la madre del Panda y cuando su hermana, que no paraba de fumar y hablar de Perón, fue con su novio separado, también peronista y terminaron yéndose a los dos días rotulando de insoportables a Sara, y David… e "idiota" a Karina.
Las experiencias comerciales del Panda no fueron muy felices. Primero Mauricio lo llevó a la fábrica con la idea de que se integre pero al Panda le resultó imposible convivir con David, ingeniero industrial con "embiei" en Harvard que lo llamaba los domingos a la mañana para desayunar en La Tranquera y empezar a pensar en los bonus para los gerentes; "Tenés que tenerlos contentos, pero nunca, demasiado contentos, decía David, enfatizando y alargando el "demasiado". El Panda miraba el reloj mientras David mechaba palabras en inglés.
Cuando Gaby le dijo al padre que El Panda no daba más a Mauricio se le ocurrió lo de la fábrica de hielo. Rotundo fracaso, como también lo fueron lo de los filtros para piletas y la cuadrilla de pintores.
Cuando Gaby y El Panda se separaron, David se encargó de los arreglos saliéndoles al cruce a los abogados de frente transpirada y saco con caspa en los hombros, "representantes" del Panda al que llamaban "nuestro cliente" mientras se relamían pensando en la fábrica. Al Panda le tocó la camioneta y una casa en otro country, pero de la zona oeste. "A ese pelotudo lo quiero bien lejos de Pilar", le decía David a su padre.
Gaby tiene novio, cirujano, separado, quince años mayor que ella pero muy buenmozo, encantador con Mauricio y Sarita, con abono en el Colón, y que con los ojos cerrados distingue un Malbec de un Tempranillo y a éste de un Syrah, encuentra los quesos ideales y tiene un buen handicap en golf.
El Panda está pensando en hacer un paquete y vender la casa del country y la cuatro por cuatro; "la dos por tres", como le llama El Oso esperando que le pregunten por qué para responder "porque cada dos por tres está en el taller".
No hay canilla que no pierda en la casa del Panda, la pileta se llenó de hojas y la pintura se descascaró. Al principio le pareció irrisoria la oferta de Mignone propiedades. Cuando quieran hablar en serio los escucho le dijo el Panda al representante antes de cortarle el teléfono. Pero la semana que viene, está pensando en sentarse a conversar.
El Panda llega al bar, pide lo suyo, se sienta y mira para el otro lado.
Patricio, guiña el ojo a los demás y pregunta
-Panda ¿Cuándo te casás de nuevo, así tenemos joda?
-Andá a la puta que te parió. Carcajadas.

domingo, 16 de enero de 2011

Que no cese el rayo

El rayo que no cesa: Miguel Hernández

Por suerte Internet me permite repasar la biografía de Miguel Hernández, poeta oriolano que escribió El niño yuntero a quien cité en mis "notas sociales" si me permiten la pretensión. Erróneamente puse Rafael Hernández, porque estoy más acostumbrado a escribir y decir Rafael Hernández, por mi amigo, Rafael Hernández, que Miguel. 
Miguel Hernández tuvo, junto a su proverbial talento literario, todos los condimentos que hacen que un escritor desgarrado pase a la inmortalidad: pobreza desde niño, mucho dolor, un amor tormentoso, salud precaria, cárcel y muerte.
De su relación con Maruja Mallo, pintora lucense que vivió 93 años y desveló seguramente a Miguel, surgió El rayo que no cesa.
Lamentablemente, no estoy enamorado. No "padezco" ese estado de irrealidad con angustia en el pecho y sueños interrumpidos por latidos del corazón, pero, estado sublime al fin, que vale la pena transitar.
Leyendo muchas veces el dolor del niño yuntero, me quedé "colgao" de Miguel Hernández y, junto con el enlace cibernético, que los lleva al rayo que no cesa, les deseo un 2011 atravesado por rayos que no cesen.  Al fin de cuentas, la vida es sumamente breve e intrascendente: Es grande el universo y arriba siembran mundos, imperturbable, persiste en tanta noche, el grillo berbiquí (Octavio Paz).
¡Muchos éxitos!

miércoles, 12 de enero de 2011

Reflexiones del día después - 28 de octubre de 2010

Debe haber entrado en mi conciencia por el año 1967; yo iba a ver los partidos intercolegiales de básquet porque jugaba un primo y él jugaba para el Colegio Nacional.
En el año 1968, yo estaba en el 6º grado de la Escuela Provincial Nº 10 Hipólito Yrigoyen, a la que mi padre me mandó, precisamente por el nombre de Yrigoyen. Él estaba terminando el 5º año del secundario y haciendo las prácticas de magisterio en mi escuela. Entraban a nuestras clases él y sus compañeras (casi todas eran mujeres), hermosas, grandes, inalcanzables como ve uno a las chicas de la secundaria cuando está en la primaria. Él era muy alto y con la misma cara de hace unos días, antes de morir.
Un día, un chiquillo malcriado lo quiso sobrar y cuestionar. A la salida, un grupo de alumnos rodeaba al de séptimo y a Lupín, a quien el sobrenombre se lo puso mi primo, Ricardo Casas, por su parecido con el aviador de la historieta de formato Isidoro Cañones. Lupín (no le decíamos Lupin, sin acento, le decíamos Lupín) resolvió todo con un cachetazo. Después no querían darle el título de maestro por su problema de dicción (ese sonido de jota que le daba a las eses) y también, se decía, por mal llevado. 
Cuando me fui a La Plata a estudiar Lupín volvió y empezó su conocida carrera.
Siempre estuve en contacto con Santa Cruz; muchos compañeros míos que no estudiaron y se quedaron como empleados públicos hoy están jubilados, viviendo en Buenos Aires y hablando de sus nietos.
Lupín tenía fama de autoritario y extremadamente avaro (jamás pagaba un café, ni siquiera el de él). 
Se comentaba (y lo que se comenta en los pueblos, suele ser la verdad de la milanesa, como dice mi amigo el Chango) que en pocos años hizo decenas de propiedades, ejecutando prendas de electrodomésticos y otras yerbas), generalmente a "chilotes" (el gentilicio de los naturales de Chiloé utilizado despectivamente en el sur para nombrar a un chileno) pobres, con olor a capón y manos curtidas que se compraban su televisor y después Martínez de Hoz y Lupín se encargarían de sacárselos. Cristina, dice mi primo, entraba a su bufete y altisonante les decía ----Mirá Oyarzún, más vale que pagues porque si no te vamos a ejecutar la casa. Y mi primo le decía, Cristina, tené cuidado que un día te van a pegar una trompada eh!. 
Luego vino la titularidad de la Caja de Previsión Social de la Provincia de Santa Cruz, una gran caja de recaudación, luego la intendencia y luego 12 años de gobierno donde seguramente multiplicó su fortuna y empezaron a hacer las propias sus ad láteres.
En el 2003, lo voté. No fue mi primer voto peronista porque ya había votado a… (¿Pilo le decían?) Bordón.
Agitado, ante la Asamblea Legislativa nos dijo:

"Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando".
"Por eso los convocamos a inventar el futuro. Venimos desde el Sur del mundo y queremos fijar, junto a todos los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo, para de esa manera crear futuro y generar tranquilidad. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver".

Al fin! Me dije… con lágrimas en los ojos (yo también vengo del sur del mundo).

..."Se intentó reducir la política a la sola obtención de resultados electorales; el gobierno, a la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático, al punto que algunas fuerzas políticas en 1999 se plantearon el cambio en términos de una gestión más prolija pero siempre en sintonía con aquellos mismos intereses".

Después, al poco tiempo, dijo “Somos gente común en funciones importantes” No les miento, se me cayeron las lágrimas y empezó mi crisis de lo que me habría gustado ser y ya no iba a ser: Presidente (entre tantas otras cosas que incluyen piloto de fórmula uno, arquero de la selección, cirujano famoso y marido de Carolina de Mónaco).

Con los meses todo se (me) fue desvaneciendo: siguió reduciendo la política a la sola obtención de resultados electorales sin temor a patéticas maniobras electoralistas que dejaron pálidas a las del menemismo de Palito y Reutemann. Un día apareció un engendro llamado “listas testimoniales”.  Se enriqueció obscenamente; dos o tres decenas de coterráneos conocidos se enriquecieron obscenamente y cuando digo obscenamente digo muchas estancias, aviones privados, decenas de propiedades, casinos, bancos, hoteles.
Las instituciones se empequeñecieron aún más de lo que ya las había empequeñecido Carlos Saúl.
Aplaudí sus cruzadas contra los “chacareros” enriquecidos groseramente a fuerza de evasión (hay un 50% de evasión tributaria en el campo) y esclavitud de los peones rurales que hoy, están exactamente igual que en la época de las huelgas de la Patagonia que terminó reprimiendo brutalmente Yrigoyen, haciéndoles morder polvo y espanto a los pobres obreros.
Aplaudí que desde el primer día haya puesto a desfilar a los represores genocidas por los tribunales: Era más fácil hacerlo ahora que en las épocas en que Raúl Ricardo los sentó en nuestro Nuremberg, pero también podría no haberlo hecho y lo hizo.
Aplaudí que le haya puesto la mira a Irán en la causa Amia.
Aplaudí el matrimonio civil entre personas del mismo sexo. No habrá sido proyecto propio, pero lo hicieron pudiendo haber pateado la pelota para adelante.
Aplaudo la cruzada contra Clarín y La Nación, cómplices y consecuentes con el proceso. Sí, es cierto, cuando estas cruzadas vienen de los políticos y no de la justicia, suenan más a venganzas entre mafiosos que a un verdadero ejercicio de la Justicia.
Aplaudí la cruzada contra la señora de Noble por el origen de sus hijos adoptivos. También, tiene usted razón, no son funciones del Poder Ejecutivo arremeter contra los ciudadanos, más como ajuste de cuentas que como ejercicio de la justicia.
Aplaudo un puñado de cosas más y se me acelera el corazón pensando que “iba a por el aborto legal" única y probada forma civilizada de terminar con los crímenes clandestinos de (¡Cuando no!) los pobres.
¿Pero?
Pero se enriqueció brutalmente y sus ad láteres se enriquecieron brutalmente.
Pero en lugar de hacer una profunda reforma impositiva, que es la única forma de distribuir genuina y legalmente la riqueza y sería una real y estructural “política de Estado a largo plazo” de las varias que prometió en su asunción, prefirió la chequera y la compra contumaz de voluntades políticas.
Pero en lugar de encarar una extremadamente necesaria reforma sindical que saque a patadas a los gordos caciques, también brutal y obscenamente enriquecidos a costa de nuestro dinero de la salud (las Obras Sociales), prefirió mantenerle sus “cotos de caza” y ni los tocó.
Sólo el peronismo puede encarar estas dos desesperadamente necesarias Políticas de Estado: reforma sindical y reforma impositiva que pueden hacer de la Argentina un país genuinamente serio y estructuralmente equitativo. Las asignaciones universales, los planes Trabajar, Remediar y lo que sea, son buenos en tanto y en cuanto le sacan las papas del fuego a quien “esta noche” no come.
Que se haya muerto, seguramente es una tragedia. También es una tragedia que sea una tragedia que se haya muerto. Porque un país es mucho más serio cuando no depende de una persona, como una planta del agua. Como también es una tragedia que salgamos corriendo a la plaza cada vez que se nos muere el dios de turno (porque no es bueno que ningún país tenga dioses). Como también es una tragedia que si no hago todas las salvedades que estoy haciendo, ante la más mínima crítica se me tilde (y crucifique) de “gorila”, “medio pelo y vendepatria”. Como también es una tragedia que, aun haciendo esas ponderaciones algún “estratega y politólogo” de los 30 millones que tenemos diga: Éste es gorila.
Como también es una tragedia que mi amigo, que cada día lee más diga “En el 2011 les vamos a recontra llenar las urnas y les va a cerrar la historia…”
Ah! me olvidaba. Voy a votar a Cristina. No encuentro otra opción mejor. Me gustaría que vaya “a por el aborto” que vaya “a por una Argentina laica en serio, sin subsidios a colegios de curas, sin crucifijos en las oficinas públicas y cuya cercanía o lejanía a Dios quede en manos de nuestras propias creencias”.
Pero que dejen de robar.
Pero que hagan volar por los aires a los gordos, caciques corruptos enriquecidos a expensas de los bolsillos de los pobres obreros que dicen defender.
Pero que no tengan la necesidad de mentir con las estadísticas.
Pero que tiren la chequera y mediante el Congreso hagan una reforma impositiva que distribuya en serio sin necesidad de perpetuar impuestos obscenos y regresivos.
Pero que logre, de una vez por todas, que el "empresariado nacional" deje de evadir brutalmente como lo hizo históricamente con la complicidad del gobernante de turno (porque las coimas por la evasión son una riquísma fuente de plata en negro para perpetuar trapisondas).
Pero que haga un Sistema Nacional de Salud regionalizado, racional, eficiente, sacándoles las Obras Sociales a los atroces demonios, caciques, gordos, enriquecidos y ladrones y a los demonios y ladrones de los gobernadores provinciales que las usan como cajas de recaudación.
Pero que, si fuera posible, termine con las miles de escuelitas privadas secundarias y terciarias que destruyeron el sistema educativo nacional.
Estas cosas, y muchas otras más, solo el peronismo las puede hacer. Repito: solo el peronismo las puede hacer.
Pero hace 50 años que gobierna y no las hace. Y ese peronismo que recontra llena las urnas nacionales y que, una vez más, tendrá mi voto también lo tuvo a José López Rega, a Ivanissevich, a Carlos Saúl Menem y a Eduardo Duhalde (no me los imagino a él y a Chiche bregando por un país laico y con aborto legal).
Lupín murió peleando. Lástima que se haya muerto rico. Si no lo fuera, todo me cerraría más y mejor.
¡Viva la Patria! Si la dejamos…

Buenos Aires, 28 de octubre de 2010

domingo, 9 de enero de 2011

Tengamos cuidado. No empecemos

Recientemente recibí un e-mail titulado "Bienvenidos a Costa Pobre" que planteaba nuestros problemas sociales desde el ángulo que empieza conque los bolivianos ensucian y termina con el mensaje de que "Hay que ponerles límites". El autor no lo firma. Yo, le respondo (y firmo): 
Decir "un boliviano" es estigmatizar, es discriminar. Lo mismo que decir "un judío", "un negro". No porque el gentilicio sea estigmatizante sino porque no es lo mismo decir un niño boliviano o un escritor judío, que decir “un boliviano”, “un judío”. Así, los argentinos (los europeos, el mundo bah!), cada vez más, nos vamos llenando, inconscientemente (ignorantemente), subliminalmente, de prejuicios." Hacemos aún más cruel la estigmatización: Un brasuca" , "un yorugua" "un paragua" "un bolita" "un peruca" "un chilote", "un negro". En este último caso "un negro" es el "gentilicio" que utilizamos para un pobre, que no tuvo educación, que de niño fue enviado a lavar parabrisas de día, después de interminables noches de hambre, violencia, alcohol, abusos sexuales y paco. Ese "negro" creció descalzo haciendo, en una esquina de calle que lleva a los countries, el clásico gesto que consiste en arquear el índice sobre el pulgar, despejando los otros tres dedos en clara representación de una moneda, ante una cuatro por cuatro negra, del tamaño de un camión frigorífico, con vidrios polarizados, más negros que nuestro pobre "negro", ante la indiferencia de sus ocupantes que viajan con sus nenes manejando una blackberry como si la tuvieran en el genoma. Ese negrito, chiquito, sucio, desesperanzado "Empieza a vivir y empieza, a morir de punta a punta, levantando la corteza, de su madre con la yunta" (de El niño yuntero de Miguel Hernández). 
Nuestros hijos van a colegios privados; carísimos "cursos de inglés" donde entre otras cosas no aprenden que hay "negros" hasta el día en que vuelven llorando porque les robaron el celular en medio de insultos provocando que agradezcamos que no haya sido peor y vayamos corriendo, el lunes, a comprarle otro celular, esta vez más caro para compensar el trago amargo que le provocaron "los negros". 
"Los negros" no tienen qué comer, no tienen dónde vivir, ni dónde defecar, ni nada. Eso se llama indigencia; hay muchos, "tenemos" muchos.  Algunos, "los darwinianamente más aptos", supieron agruparse y montar una compleja logística, el cartonerismo, que les permite "aferrarse" con los dedos azules, a nuestro "tejido social". La mayoría, no tiene voluntad porque su panza está vacía, no porque "no quieren trabajar". Porque, con la panza vacía, tienen la "lujuriosa pretensión" de llenarla, si es necesario robándole el celular a nuestros acomodados cachorros. Los judíos dicen, sabiamente, que primero se llena la panza y después se educa. Moisés, en el desierto, sació el hambre, “les llenó la panza” con matzá y luego les leyó las tablas de la ley. No creo que haya teoría económica que supere esta verdad: Primero se llena la panza; después se educa. Llenémosle la panza, démosle educación a todo ser viviente y van a ver como solitos encuentran trabajo y se dejan de "molestarnos". 
Cuando algún imbécil, altisonantemente luego de un día de furia de piquetes dice: "Tienen derecho a protestar pero sin cercenar mi derecho a trabajar" (lo oímos casi todos los días de bocas de educados periodistas que llenan nuestras mañanas de radio ganando 50.000 dólares, ¡Sí, éso ganan!), me doy cuenta de cuán lejos va quedando la sensibilidad social que distinguidos periodistas puedan decir, amplificar, multiplicar, semejante estupidez, semejante ignominia. Claro, no sé cómo no se les ocurrió, podemos hacer un estadio, alejado de nuestras ciudades y trabajos para que "los negros" protesten sin cercenar nuestros derechos! Entonces, nadie los escuchará, nadie los padecerá y tras cartón, nadie, en esta putísima vida que les tocó vivir moverá un dedo por ellos. Podremos, luego vidriar (polarizadamente, claro está) nuestras ciudades, dejando eso sí, que "negros documentados" (y numerados si es posible) entren con horarios fijos a limpiar nuestra mierda. Nosotros no estamos para eso.
La inequidad, es la madre de todas las tragedias. Donde hay inequidad, hay intolerancia, hay violencia, hay descomposición social. ¿Cómo pretender que un chiquito desamparado y sodomizado, no quiera matar a nuestros niños con helado de Perssicco y flamante Blackberry?
Recientemente, Mirta Arlt, de 87 años, hija de Roberto Arlt, un escritor “desde la angustia”, mientras almorzábamos cómodamente un domingo de calor, con la sola molestia, de un aire acondicionado un poco fuerte, me decía: "Y claro, salimos a la calle y nos matan. ¿Y? ¿Qué tiene? ¿Por qué no habrían de matarnos? ¡Es lógico!. Sólo  de una enorme lucidez y sensibilidad, transmitidas en parte, probablemente, por los genes de un gigante sensible, como lo fue su padre, podrían haber salido tan pero tan sensatas palabras. Si nos matan ¿Qué?!
Baruch Spinoza, un filósofo judío, holandés del siglo diecisiete decía: "No reírse, no lamentar, no detestar, sino comprender". Comprendamos, metámonos en el problema desde algún otro ángulo diferente del de "nuestros derechos cercenados, de nuestros celulares robados, de nuestra libertad amenazada" Mientras haya miles de seres (humanos, por si no los reconoce a simple vista)  con hambre, desprotección y desasosiego y un puñado de elegidos "gozando de las bellezas del mundo, la luz de la luna sobre la anaranjada cresta de una nube, y la gota de rocío temblando encima de una rosa" (Roberto Arlt, Los siete locos), nuestra "integridad" nuestra "libertad" nuestro "derecho a vivir dignamente" estarán en peligro. Bienvenido sea el peligro y agradezcamos que África está lejísimos y Atlántico de por medio.
Empecemos entonce por echarnos la culpa a nosotros mismos, a nuestros gobiernos (sean del signo y color que sean). Y, si es posible, junto con ellos, con "los negros" pero por favor, no nos la agarremos con ellos, no pretendamos "que la policía haga algo", No esperemos que alguien "les ponga límite". Ya lo tuvieron. Su vida fue límite desde el primer berrido. ¡Vaya si tuvieron límites!. 
Si toman un predio destinado al ocio creativo de las clases acomodadas porque no tienen adonde carajo ir, no nos la agarremos con ellos, no tienen la culpa. Es el Estado (con el gobierno de turno que le toque) quien debería haber actuado para que esto no ocurra. Y, una vez que ocurrió, debería actuar solucionándole el problema a estos pobres desgraciados. Recuerde cuando nos quedamos sin luz y sin agua cómo ponemos el grito en el cielo. Bueno, estos “negros” viven sin luz, sin agua y sin comida. Y no me venga conque son vagos!
Al que escribió ese e-mail, Costa Pobre:
¿Le parezco demasiado progre? 
Si pensar así, si por lo menos tratar de educar a mis hijos enseñándoles que "ese negrito que está del otro lado del parabrisas" sufre, si decirles que "cada vez que digan negro" se les caiga la cara de vergüenza, porque hace mucho tiempo alguien empezó a decir "judíos" y terminaron destrozando a millones y porque así empiezan las cosas... e invariablemente terminan mal, soy progre. ¿No quiere hacerse progre y tratar de mejorar el mundo? Dele, ¿Qué le cuesta?. Pero no se la agarre con "los negros".


Réquiem para una pasión o última carta a Marián

Dolorosísimo, lacerante.  Pero seguramente es lo que hay que hacer.  Hubo un montón de coincidencias maravillosas y retroalimentadas, desde lo físico, la piel, el sexo, valores como la paternidad, la amistad,  la honestidad, la bondad y muchos gustos y preferencias. Pero, una relación va mucho más allá de las coincidencias, mucho más allá de una simple teoría de intersección de conjuntos; “exige” muchísimo más y eso es lo que, nos fue imposible. La no intersección hizo imposible la intersección, y así quedan las cosas. Lo imposible, no dio lugar a lo posible.

"Nuestro amor,  plato chino de un malabarista cansado al que ya nadie va a ver,  que ensaya su último acto, se detiene y mira la fila derrumbarse y hacerse pedazos; se sienta en un rincón y contempla el escenario de luz muerta, palillos en el piso y platos rotos. Nuestro amor, pez muerto balanceado por las olas de una playa patagónica, lápida abandonada en un pequeño cementerio judío de Hungría, molino agonizante que todavía hace gritar el viento en Arizona, barco encallado en el mar de Barein, auto incendiado que se ve desde una autopista de Nueva York, vidrio roto de un negocio cerrado de Buenos Aires, clochard de pasado ilustre, dolor sin dolor, aire sin aire, florero de agua amarillenta y rosas marchitas..."

Estoy enojadísimo con lo que (¿me?) pudiste ser y no fuiste porque no se pudo sostener, la fila se derrumbó y se hizo pedazos eso que alguna vez mencionamos como momentos de complicidad y goce. Momentos brillantes y de platitos altos.  Pero de las cosas que nunca pudieron ser, que mi cabeza contable, enumera, clasifica y guarda, no hay ninguna que te descalifique como para que no te pueda seguir queriendo. No hay valores con los que no podría conciliar al punto de no querer saber más de vos o no desearte lo mejor. Cosas que, muchas veces, viste y cristalizaste (uso tu palabra que me gusta) en mí, como mala fe, violencia, guaranguería, no vi jamás en vos. Podría, querría, verte, hablarte, tomar mil cafés, saber de vos y emocionarme con tus éxitos y buenos momentos, que seguramente vendrán, espero; Pero probablemente no sea posible y "la vida seguirá como siguen las cosas que no tienen mucho sentido". Una pasión que encendió una llamita hace 28 años, en unos pocos meses incendió todo y se apagó. No deja de haber sido una maravillosa y elevadísima vivencia ante la que la vida deberá sacarse el sombrero y aplaudir haciéndonos abrir el telón varias veces y saludarla mordiéndonos los labios, con los ojos llenos de lágrimas.

Una librería de viejo


Hace tiempo caminando frente al edificio de Obras Sanitarias (hoy Aysa) me detuve a mirar una librería vieja que está frente a él. Se llama El Glyptodón:
Ayacucho 734 - Buenos Aires
4734-7973

Estuve un rato conversando con su dueño, quien me entregó un folletín de la librería con  el  detalle de su servicio de biblioteca que les copio al final.
Me hizo acordar a la librería Shakespeare and Company en París en la Rue de la Bûcherie en el Barrio Saint Julien le Pauvre, y a otra, Abbey Bookshop que está en el no. 29 de la Rue de la Parceheminerie cerca de la iglesia de Saint Séverin y también cerca de Shakespeare, mucho más célebres por estar en París donde todo está rodeado de cosas de interés y belleza, que hacen circular a miles de turistas diariamente, pero no más bellas ni pintorescas que el Glyptodón.
Pensé, que, en este contexto, qué frágiles son estos negocios, bares, casas de lapiceras, de cuadros, de tabacos y miles más.
Cada vez que un negocio de estos desaparece y vienen unos energúmenos un fin de semana, pintan todo de lila, ponen luces fluorescentes, un aireacondicionado gigante que flagela la fachada, una marquesina que sobresale hasta la calle, que a los pocos meses está oxidada y nadie la repara, unas sillas de plástico blancas de Coca Cola que también en poco tiempo están negras y resquebrajadas, un toldo de colores, que se ensucia y deteriora rápidamente, un pretencioso cartel que dice Drugstore o Locutorio-Internet, un equipo de música a todo volumen y la vereda se cubre de manchones negros de chicles escupidos que nadie saca. Cada vez que esto ocurre, es una puñalada más a Buenos Aires (a la belleza de cualquier ciudad, bah!), ciudad bella en muchos lugares pero lamentablemente no respetada y vejada, fundamentalmente por las autoridades de turno que permiten construir mala calidad, conviviendo con estos sitios históricos.
Bueno, me fui por las ramas. El objetivo de este mail que espero manden a muchos es que, como yo, pasen por la librería, tomen un café con su dueño, disfruten del "paisaje". El señor, me mostró un libro de este edificio de Aysa, que en su momento no le compré y ahora me arrepiento porque ya no lo tiene.
Tratemos de ayudar a preservar estos rincones de Buenos Aires.
Copio este e-mail a la librería.

El folleto de El Glyptodón dice así:

Comprando por un mínimo de veinte pesos usted ya es socio por treinta días. Tiene a disposición dos mesas de lectura y una para libros especiales (incluye un té o café sin cargo).
No asume la obligación de pagar cuota alguna
Los libros usados en buen estado que adquiera aquí, puede canjearlos por otros del mismo precio o como parte de pago
Puede repetir tres veces la permuta, con un plazo máximo de seis meses por cada cambio, mientras conserven el estado en el que fueron adquiridos.
Esto significa que comprando un libro podrá leer cuatro.
Para que estos servicios de biblioteca sean posibles se le inscribe un código al ejemplar adquirido, donde consta la fecha, el estado del libro, el precio y la firma del responsable de la misma.
Lo esperamos de lunes a sábados de 12 a 19