domingo, 9 de enero de 2011

Tengamos cuidado. No empecemos

Recientemente recibí un e-mail titulado "Bienvenidos a Costa Pobre" que planteaba nuestros problemas sociales desde el ángulo que empieza conque los bolivianos ensucian y termina con el mensaje de que "Hay que ponerles límites". El autor no lo firma. Yo, le respondo (y firmo): 
Decir "un boliviano" es estigmatizar, es discriminar. Lo mismo que decir "un judío", "un negro". No porque el gentilicio sea estigmatizante sino porque no es lo mismo decir un niño boliviano o un escritor judío, que decir “un boliviano”, “un judío”. Así, los argentinos (los europeos, el mundo bah!), cada vez más, nos vamos llenando, inconscientemente (ignorantemente), subliminalmente, de prejuicios." Hacemos aún más cruel la estigmatización: Un brasuca" , "un yorugua" "un paragua" "un bolita" "un peruca" "un chilote", "un negro". En este último caso "un negro" es el "gentilicio" que utilizamos para un pobre, que no tuvo educación, que de niño fue enviado a lavar parabrisas de día, después de interminables noches de hambre, violencia, alcohol, abusos sexuales y paco. Ese "negro" creció descalzo haciendo, en una esquina de calle que lleva a los countries, el clásico gesto que consiste en arquear el índice sobre el pulgar, despejando los otros tres dedos en clara representación de una moneda, ante una cuatro por cuatro negra, del tamaño de un camión frigorífico, con vidrios polarizados, más negros que nuestro pobre "negro", ante la indiferencia de sus ocupantes que viajan con sus nenes manejando una blackberry como si la tuvieran en el genoma. Ese negrito, chiquito, sucio, desesperanzado "Empieza a vivir y empieza, a morir de punta a punta, levantando la corteza, de su madre con la yunta" (de El niño yuntero de Miguel Hernández). 
Nuestros hijos van a colegios privados; carísimos "cursos de inglés" donde entre otras cosas no aprenden que hay "negros" hasta el día en que vuelven llorando porque les robaron el celular en medio de insultos provocando que agradezcamos que no haya sido peor y vayamos corriendo, el lunes, a comprarle otro celular, esta vez más caro para compensar el trago amargo que le provocaron "los negros". 
"Los negros" no tienen qué comer, no tienen dónde vivir, ni dónde defecar, ni nada. Eso se llama indigencia; hay muchos, "tenemos" muchos.  Algunos, "los darwinianamente más aptos", supieron agruparse y montar una compleja logística, el cartonerismo, que les permite "aferrarse" con los dedos azules, a nuestro "tejido social". La mayoría, no tiene voluntad porque su panza está vacía, no porque "no quieren trabajar". Porque, con la panza vacía, tienen la "lujuriosa pretensión" de llenarla, si es necesario robándole el celular a nuestros acomodados cachorros. Los judíos dicen, sabiamente, que primero se llena la panza y después se educa. Moisés, en el desierto, sació el hambre, “les llenó la panza” con matzá y luego les leyó las tablas de la ley. No creo que haya teoría económica que supere esta verdad: Primero se llena la panza; después se educa. Llenémosle la panza, démosle educación a todo ser viviente y van a ver como solitos encuentran trabajo y se dejan de "molestarnos". 
Cuando algún imbécil, altisonantemente luego de un día de furia de piquetes dice: "Tienen derecho a protestar pero sin cercenar mi derecho a trabajar" (lo oímos casi todos los días de bocas de educados periodistas que llenan nuestras mañanas de radio ganando 50.000 dólares, ¡Sí, éso ganan!), me doy cuenta de cuán lejos va quedando la sensibilidad social que distinguidos periodistas puedan decir, amplificar, multiplicar, semejante estupidez, semejante ignominia. Claro, no sé cómo no se les ocurrió, podemos hacer un estadio, alejado de nuestras ciudades y trabajos para que "los negros" protesten sin cercenar nuestros derechos! Entonces, nadie los escuchará, nadie los padecerá y tras cartón, nadie, en esta putísima vida que les tocó vivir moverá un dedo por ellos. Podremos, luego vidriar (polarizadamente, claro está) nuestras ciudades, dejando eso sí, que "negros documentados" (y numerados si es posible) entren con horarios fijos a limpiar nuestra mierda. Nosotros no estamos para eso.
La inequidad, es la madre de todas las tragedias. Donde hay inequidad, hay intolerancia, hay violencia, hay descomposición social. ¿Cómo pretender que un chiquito desamparado y sodomizado, no quiera matar a nuestros niños con helado de Perssicco y flamante Blackberry?
Recientemente, Mirta Arlt, de 87 años, hija de Roberto Arlt, un escritor “desde la angustia”, mientras almorzábamos cómodamente un domingo de calor, con la sola molestia, de un aire acondicionado un poco fuerte, me decía: "Y claro, salimos a la calle y nos matan. ¿Y? ¿Qué tiene? ¿Por qué no habrían de matarnos? ¡Es lógico!. Sólo  de una enorme lucidez y sensibilidad, transmitidas en parte, probablemente, por los genes de un gigante sensible, como lo fue su padre, podrían haber salido tan pero tan sensatas palabras. Si nos matan ¿Qué?!
Baruch Spinoza, un filósofo judío, holandés del siglo diecisiete decía: "No reírse, no lamentar, no detestar, sino comprender". Comprendamos, metámonos en el problema desde algún otro ángulo diferente del de "nuestros derechos cercenados, de nuestros celulares robados, de nuestra libertad amenazada" Mientras haya miles de seres (humanos, por si no los reconoce a simple vista)  con hambre, desprotección y desasosiego y un puñado de elegidos "gozando de las bellezas del mundo, la luz de la luna sobre la anaranjada cresta de una nube, y la gota de rocío temblando encima de una rosa" (Roberto Arlt, Los siete locos), nuestra "integridad" nuestra "libertad" nuestro "derecho a vivir dignamente" estarán en peligro. Bienvenido sea el peligro y agradezcamos que África está lejísimos y Atlántico de por medio.
Empecemos entonce por echarnos la culpa a nosotros mismos, a nuestros gobiernos (sean del signo y color que sean). Y, si es posible, junto con ellos, con "los negros" pero por favor, no nos la agarremos con ellos, no pretendamos "que la policía haga algo", No esperemos que alguien "les ponga límite". Ya lo tuvieron. Su vida fue límite desde el primer berrido. ¡Vaya si tuvieron límites!. 
Si toman un predio destinado al ocio creativo de las clases acomodadas porque no tienen adonde carajo ir, no nos la agarremos con ellos, no tienen la culpa. Es el Estado (con el gobierno de turno que le toque) quien debería haber actuado para que esto no ocurra. Y, una vez que ocurrió, debería actuar solucionándole el problema a estos pobres desgraciados. Recuerde cuando nos quedamos sin luz y sin agua cómo ponemos el grito en el cielo. Bueno, estos “negros” viven sin luz, sin agua y sin comida. Y no me venga conque son vagos!
Al que escribió ese e-mail, Costa Pobre:
¿Le parezco demasiado progre? 
Si pensar así, si por lo menos tratar de educar a mis hijos enseñándoles que "ese negrito que está del otro lado del parabrisas" sufre, si decirles que "cada vez que digan negro" se les caiga la cara de vergüenza, porque hace mucho tiempo alguien empezó a decir "judíos" y terminaron destrozando a millones y porque así empiezan las cosas... e invariablemente terminan mal, soy progre. ¿No quiere hacerse progre y tratar de mejorar el mundo? Dele, ¿Qué le cuesta?. Pero no se la agarre con "los negros".


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