El rayo que no cesa: Miguel Hernández
Por suerte Internet me permite repasar la biografía de Miguel Hernández, poeta oriolano que escribió El niño yuntero a quien cité en mis "notas sociales" si me permiten la pretensión. Erróneamente puse Rafael Hernández, porque estoy más acostumbrado a escribir y decir Rafael Hernández, por mi amigo, Rafael Hernández, que Miguel.
Miguel Hernández tuvo, junto a su proverbial talento literario, todos los condimentos que hacen que un escritor desgarrado pase a la inmortalidad: pobreza desde niño, mucho dolor, un amor tormentoso, salud precaria, cárcel y muerte.
De su relación con Maruja Mallo, pintora lucense que vivió 93 años y desveló seguramente a Miguel, surgió El rayo que no cesa.
Lamentablemente, no estoy enamorado. No "padezco" ese estado de irrealidad con angustia en el pecho y sueños interrumpidos por latidos del corazón, pero, estado sublime al fin, que vale la pena transitar.
Leyendo muchas veces el dolor del niño yuntero, me quedé "colgao" de Miguel Hernández y, junto con el enlace cibernético, que los lleva al rayo que no cesa, les deseo un 2011 atravesado por rayos que no cesen. Al fin de cuentas, la vida es sumamente breve e intrascendente: Es grande el universo y arriba siembran mundos, imperturbable, persiste en tanta noche, el grillo berbiquí (Octavio Paz).
¡Muchos éxitos!
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