viernes, 25 de noviembre de 2011

Un mínimo de respeto, dignidad y vergüenza

Hace unos días, una amiga me envió un mail que incluía varias fotos urbanas. En una se veía un depósito de residuos atestado y desbordante en una calle urbana al lado de un auto moderno; en otra, se veía probablemente el mismo contenedor luego de que haya pasado “la horda” a revisarlo cuidadosamente, más probablemente en busca de alimentos y cositas que puedan servir que como hobby o pensando en hacer alguna instalación pop en la próxima bienal de Venecia.



La serie de fotos del e-mail, estaba acompañada por un texto desesperado (colijo que era desesperado porque las mayúsculas lo convertían en grito:

“AGRADEZCO REENVÍENLO QUIZAS EN ALGUN MOMENTO LE LLEGUE A ALGUIEN DE LA INTENDENCIA Y REACCIONEN, BASTA DE MUGRE!!!!!  ALGUIEN, CON UN MINIMO DE RESPETO, DIGNIDAD Y VERGUENZA Y TOMEN LAS MEDIDAS NECESARIAS.”

Las reglas dicen que un signo de admiración es suficiente, pero aceptemos esa repetición machacona como un signo de "desesperación urbana".

Yo considero que este es el mundo que nos merecemos. Y que nos merecemos mucho más.

Ayer, caminaba con mi madre y hermana por Buenos Aires, íbamos al teatro. Éramos todos lindos, estábamos todos bien alimentados, todos vestíamos de ocasión y acordes al pegajoso clima porteño.  La calle estaba atestada de bolsas de basura despanzurradas por los cartoneros. Olores rancios, botellas rotas, plásticos desparramados, jugos fétidos.

Alguien, dijo: ¡Esto no puede ser!

Yo pensé que sí, que claro que puede ser. ¡Vaya si puede ser!. Al contrario,tendría que ser y mucho más. 

Mientras los ricos comamos exquisiteces, tomemos champagne, dejemos todo por la mitad para pasar “al otro plato”; mientras en una mesa de dos matrimonios amigos, con re-buena onda y tan simpáticos de esos que "nos conocimos en un crucero y desde entonces hicimos muchos viajes juntos y nos llevamos re-bien", mientras seamos re-compinches, porque pensamos casi igual, mientras  comamos creme brulée, ostras, tiramisú y turbot. Mientras nos vayamos al country en la 4 x 4 para escapar de la ciudad, mientras “catemos” ceremoniosamente un vino alejando la copa, haciéndola girar, mirándola, oliéndola con prudencia como dice la revista El Gourmet, acercándola a la boca, tomando un sorbo, enarcando las cejas y asintiendo levemente al mozo para que proceda, no sin antes advertir a los comensales que encontraremos maderas, taninos, avellanas, chocolate, cerezas y tomillo (Una especie de montaña rusa de Walt Disney en una copa en Puerto Madero, digamos) Mientras hagamos todas esas payasadas que  inventó el capitalismo e incendió la globalización…

¿Y a pocos metros?

Y a pocos metros haya mundos "subnormales" comiendo poco y sucio, viviendo entre la basura, descalzos, a veces violados, mejor dicho, siempre violados, violados por la vida, por la injusticia, por la inequidad. Esperando a que los ricos defequemos para poder ganarse unos pesitos limpiándonos la mierda, esperando a que comamos para ver si algo se nos cae, esperando a que la lluvia nos ensucie los autos para poder lavárnoslos, esperando a que el semáforo nos detenga para hacer malabarismos con sucias pelotitas de tenis y hacernos la señita del índice y pulgar enroscados en forma de moneda...

Mientras todo eso ocurre quien diga, como dice el “desgarrador grito urbano”:

AGRADEZCO REENVÍENLO QUIZAS EN ALGUN MOMENTO LE LLEGUE A ALGUIEN DE LA INTENDENCIA Y REACCIONEN, BASTA DE MUGRE!!!!!  ALGUIEN, CON UN MINIMO DE RESPETO, DIGNIDAD Y VERGUENZA Y TOMEN LAS MEDIDAS NECESARIAS.

Que agradezca que este mundo bestial lo dejó de este lado de la camarita (me refiero a la Nikon) y que sepa que “alguien, con un mínimo de respeto, dignidad y vergüenza” debería dedicarse a hacer las cosas rapidito y bien porque: 

“De 1981 a 2005 el número de personas en la pobreza (menos de $2 al día) aumentó de 2.500 a 2.600 millones. La proyección para 2015 es de 2.036 millones.” (Ver “Pobreza” en Wikipedia).

Que ese "alguien" digno, respetuoso y pudoroso tome las medidas necesarias para dar de comer, para educar, para asistir, para dignificar, para incluir, para respetar a “esto” que parece una cosa y es un ser humano y respira, y tiene dolor, y sueña y tiene ilusiones y le encantaría el lujo de la comida diaria y el calorcito de la cama y la fiaca que da levantarse al baño a la noche.

¡Qué pretende el señorito! ¿Que, encima tengan tiempo para dejarnos la basura ordenadita?

El niño yuntero (de Miguel Hernández)

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra. 

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepurtura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente. 

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
resuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
u declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.