lunes, 7 de marzo de 2011

De témpanos y pajaritos

Nadie podría asegurar si fue la lógica evolución de un proceso natural, un encuentro casual, o el resultado de una figura, uno de esos juegos geométricos de Cortázar que no son otra cosa que configuraciones del destino. Actos aislados e individuales ligados a otros actos aislados e individuales que terminan en un tercer acto que es el destino. Un pajarito vuela de una rama a otra, acá; para que un témpano se desprenda de un glaciar allá, para que nuestras miradas se encuentren acá. Pajarito, témpano, miradas. Nuestras miradas que necesitan del vuelo del pajarito acá y el desprendimiento del témpano allá para encontrarse acá. Nuestro destino. Y así, así allá y así acá. Un aire acondicionado funcionando mal en un verano porteño funcionando bien, buscarte en la agenda, llamarte a un teléfono que no usás desde hace tiempo pero que ese día tenías en el cajón del escritorio. Quiso el destino, si renegamos de las figuras, que justo, cuando sonó estuvieras al lado y respondas a un número desconocido...
Una llamada casi comercial, llamémosle así, a esa llamada que sorteó azares, y movió témpanos y pajaritos,  despertó un escucharse de voces no tan comerciales, una explícita intención de amistad "desayunamos juntos y nos hacemos amigos", una respuesta rápida "claro que podemos ser amigos, siempre, SIEMPRE, tengo tiempo para la vida social y los amigos" (así con mayúsculas el segundo siempre), y una agenda de jazz y bossa. Una primera noche en que, las cosas no salieron bien. Hubo más desencuentros que encuentro, un malhumor larvado jugando a cuchillo bajo el poncho a serpiente de cascabel debajo de la piedra donde está la flor. Buscar una respuesta y no encontrarla o encontrar una tensión, querer alargar la noche un poco para, enseguida, darse cuenta que lo sensato habría sido acortarla. Que había que dejarse llevar por la corriente porque la corriente no quería encontrarnos esa noche. Pero nos desencontraba para encontrarnos enseguida, como cuando una rama separa aguas que luego, ahí nomás, se juntan.  Después de esa rama, muy rápido, otra agenda, otra noche de jazz, un espectáculo menor en un lugar más feo con las mismas reglas y formalidades, digamos. Solo que en algún momento, ver a nuestro vecino de mesa tocarle la espalda a su pareja, movió algún electrón de mi cuerpo, una minúscula gota de adrenalina, en forma de pajarito o témpano, nuevamente. Un tenerconcienciademimano, quizás mirarla y buscar con la mente o apenas con la mirada, tu espalda, que no estaba, porque estábamos sentados en lados diferentes de una mesita cuadrada, distinta a la del vecino, al lado de su chica y la vecina, al lado de su chico... Ese instante pasó y batería, saxos, piano y contrabajo siguieron hasta el final. Tu, tum, ta, tam, tu, tum...
"No te bajes, no hace falta", mi beso y abrazo de despedida, breves y formales, tu reproche de un abrazo feo o reclamo de un abrazo mejor.
No costó nada mejorarlo. Encontré tu hombro derecho pegado a mis labios y los electrones y protones se empezaron a despertar como los pájaros, cuando amanece, así de rápido, así de inevitable. No se puede parar la salida del sol, ni los pájaros ni sus cantos. Y al lado de tu hombro, tu cuello, y encima de tu cuello tus labios, un tímido beso y una despedida por pocas horas, porque a poco de salido el sol ya estábamos juntos sintiendo el Parque Lezama, caminando por la plaza San Martín, alargando el encuentro con unos chiquillos de la calle a los que instruimos para lavarse los dientes y la chiquilla tuvo en la pasta dental que le diste de tu cartera, un regalo y una ilusión que despertaban la curiosidad de las extranjeras que tomaban vino blanco en la mesa de al lado. Empezábamos a encontrarnos.
A tu osadía le costó muy poco darme de comer de tu boca a mi boca, invitarme a tu cama, sacarme la ropa y traer esas cremas que casi nos incendian. Ahí estábamos, tratando de encontrarnos en un pasado que empezó muy lejos y hace mucho; buscando coincidencias y desencuentros y sorprendiéndonos gratamente al ver que nuestros cuerpos van haciendo lo suyo y que los átomos están revolucionados y que nada hay que envidiarle a la mano del vecino en la espalda de la vecina. Dormí a tu lado y creí descansar. Soñé que estaba solo y me angustiaba no encontrarte, empezaba a necesitarte...

2 comentarios:

  1. Me gustan ! En todos tus escritos hay imágenes.
    Me detengo en, De témpanos y pajaritos.
    Creo que nada existe por azar.
    La causalidad de situaciones para que el efecto sea las miradas acá . Qué bueno !
    Creo que ese día funcionaron a priori los sentidos, se permitieron y resultó. Será así ?

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  2. Coincido con Anna. Excelente como el autor va relacionando los hechos o causas que deben sucederse para llegar a este final diría, romántico.
    Claudio Amato

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