Nos saludamos como si fuera hace un rato. Porque todo era igual. Salvo tu perfume... Tu perfume no era el de nunca cuando nos saludamos como si fuera como siempre, aunque fuera como nunca. Entré en él, me caí en él, me abismé en tu perfume y eso fue todo. Toda la noche mandaste, toda la noche mandó tu perfume, tu piel, los pliegues de tu ropa, esa frontera donde termina la ropa y empieza la piel... abismo, ganas, deseo, sensaciones. Esa frontera en que termina el perfume y empieza tu perfume, el verdadero, el tuyo, que se confunde con mi deseo y funde nuestros deseos
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