El martes 14 de
mayo, descubriste en el Salón de los Patriotas Argentinos de la Casa Rosada un
busto de Carlos Saúl Menem. Visiblemente emocionado, escoltado por granaderos y
seguido por un auditorio que contaba con familiares y ex funcionarios, no dudaste
en decir “Les duela o no, ha sido el mejor presidente de la historia. Si
hay algo que dije siempre es que fue el mejor presidente de la historia y hoy
vengo con el honor y el orgullo de estar reestrenando este busto”.
Ay, ay, ay Javier,
ay peluca loca, ya empezamos a encarnar con podrida; la misma carnada que nos tuvimos
que comer durante toda la gestión kirchnerista; gestión visiblemente provocadora
que no dudaba en ponerle el nombre de Néstor Carlos a cuanta avenida, colegio,
hospital, escuelita, gasoducto o centro cultural hay, a diestra y siniestra de
nuestro ancho y largo país.
Es una provocación
ponerle nombres de un personaje contemporáneo a quien la mitad de la población,
entre los que me incluyo, no tolera y nos baja la presión, se nos cierra la
glotis y se nos brota la piel, cuando escuchamos su nombre o el de su señora, u
oigo la provocadora voz de la siempre beligerante y provocadora expresidenta
que me hace apagar la radio.
Si bien tiendo a
pensar que Menem, por lo menos para mí, no fue tan alergénico, creo que fue
quien inauguró en la Argentina, después del advenimiento de la democracia la
corrupción ostentosa y abierta como método de gobierno.
Más aún,
entiendo que dio los puntapiés iniciales para un cambio cultural que incluyó la
frivolidad como parte de su modus operandi, que aparecía mucho en televisión,
que hablaba de su Fersari (quiero expresarlo en la lengua de Joaquín V. González),
que jugaba al tenis con vincha, que jugaba al fulbito y que iba a comer con Mirta, la antediluviana, la sempiterna.
El primer gesto
gubernamental de “el Carlos” como lo nombrabas chupándoles las medias, fue
dar un volantazo de 180 grados a las expectativas electorales y liberalizar el gobierno,
lo que no está mal en sí, vendiendo las joyas de la abuela, haciendo cómplices “calladitamente
la boca” a sindicalistas que se enriquecieron, rodéandose de funcionarios que
venían de vivir en casitas del gobierno en La Rsioja y de un día para el otro pasaron a ser rsicos y
ostentosos, para luego, inteligentemente, desaparecer, bajar el perfil y pasar
al olvido.
Destruyó los
trenes “Rsamal que para, rsamal que cierrsa” y efectivamente, “rsamal que paró
rsamal que cerrsó”. Se cargó a las escuelas técnicas, contribuyó a la destrucción
de la educación pública, le enseñó a la díscola sociedad argentina que había
que ser pícaro, se rodeó de coimeros que se compraron trajes claros y corbatas
italianas, y barcos, y rselojes dorados y perfumes y rsaquetas de tenis y champán
francés y putas caras.
Achicó el “Estado
fracaso” a favor de la banca privada, que luego de su gran fracaso, nos tiró
por la cabeza las empresas quebradas que las terminó recomprando el “Estado
fracaso”.
Y además mucho
country, mucho barrio privado, etcétera. Menem, Peluca, Menem fue una mierda; un verdadero cáncer para el que hizo falta una quimioterapia muy tóxica: el kirchnerismo. Se nos cayó el cabello, la educación, nos sumieron en la pobreza, en el endeudamiento y en la inflación.
El Carlos nos
dejó un déficit fiscal que generó una deuda pública impagable, que le dio el
trampolín al peronismo para hacer saltar al De la Rúa, Nos dejó 146 mil
millones de deuda externa, una desocupación del 11,8%; le vendimos armas a Croacia
y a Ecuador, Río Tercero voló por los aires hacia arriba y Lourdes Di Natale
voló por los aires hacia abajo.
Terminó dando lástima,
mucha lástima. Y vos desempolvás su imagen y descubrís su busto.
Peluca loca: Te banco un poco de locura, te banco un poco de insensibilidad porque está claro que no tenemos donde caernos muertos y en caso de levantarse este país, cosa dudosa, llevará décadas en hacerlo.
Vivo de la
medicina prepaga y me está doliendo el latigazo en la espalda que nos diste con
tu ida y vuelta, con tu ¡Viva la libertad carajo! pero después con tu no
taaaaaanta libertad a un sector que no tiene regulados sus costos,
exponencialmente crecientes, pero sí sus precios.
Pero no jodas
con el espejo retrovisor selectivo, no vaya a ser cosa que nuestros nietos se
coman el busto de Cristina, o un monumento enfrente de la facultad de ingeniería
que reemplace al Canto al Trabajo de Rogelio Yrurtia por uno de Lopecito con Bolsos
o la escultura de los galgos rusos sea reemplazada por una tuya con tus
mastines.
P.D. no vengan tontitos populistas con "Ahhhhh viisssteeeee, ahora jodete". Voy a señalar cuanto desatino vea y si corresponde, lo descalificaré totalmente. Ser peor que la inmundicia que nos dejó el kirchnerismo, es posible, pero todavía muy remoto.


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